domingo, 5 de noviembre de 2017

Pico Canillín. Circular desde el Puente Pombayón

Salida y Llegada: Puente Pombayón (Concejos de Ponga y Amieva)
Distancia: 12,5 km
Duración: 7:00 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1100 m
Altura Inicial: 250 m
Altura máxima: 1152 m
Fecha de realización: 28/X/2017
Dificultad: media-alta
Track de la ruta

Itinerario: Puente Pombayón – Puente Rilluengu o Rampión – Camín del Llacigón – Monte Cuebu – Arroyo de Redonda – Majada de Redonda – La Llera – Sedo de la Cruz del Pico – La Canga – La Llampa – Pico Canillín – Pozu l’Armada – Camín del Carbón – Monte del Teyéu – Llerimundi – Valderrañes – Rañes – Camín la Llorea el Beyu – Puente Pombayón.

Antes de que el actual trazado de la carretera N-625 permitiera el paso por el desfiladero de Los Beyos, los caminos antiguos comunicaban las aldeas de Amieva y Ponga. Caminos colgados sobre el abismo, armados y labrados en la roca, salvando verticales pedreros y canales que se precipitan sobre el Sella: Senda de la Verganza que sube a Casielles, la del Llacigón a Baeno, el Camín de la Llorea el Beyu que unía Ceneya con el Puente Pombayón, la del Cartero que sube a Biamón, la que lleva a la aldea abandonada de Rubriellos y más allá a la pradera colgada del Derrabáu, la que permitía subir a la aldea de Tolivia completamente en ruinas,… Es una pena que estos antiguos y bellos caminos, patrimonio etnográfico de los asturianos, estén tan abandonados y a la espera de que algún organismo público se decida restaurarlos y conservarlos. En esta ocasión aprovechamos la subida a la espectacular atalaya del Pico Canillín para recorrer algunos de ellos: subimos por el del Llacigón y bajamos, al otro lado, por el Camín del Carbón para regresar finalmente por el de La Llorea el Beyu en paralelo al río Sella.
Desvío hacia San Ignacio por el puente Pombayón. Foto tomada desde el aparcamiento.
En Cangas de Onís cogemos la carretera nacional que se dirige al puerto del Pontón y nada más pasar el Puente Pombayón (puente sobre el río Sella situado en el desvío hacia San Ignacio, en Ponga), aparcamos a la izquierda (hay sitio para dos o tres coches). En ese punto  finaliza el Camín de la Llorea aunque desde la posición de los coches no se aprecia su traza.
Hayas en el Monte Cuebu
La senda sube duramente por el Monte Cuebu

Comenzamos la ruta caminando unos 300 metros por la carretera en dirección a Puente Vidosa, al sur, aunque sin llegar al establecimiento hotelero en el que se han habilitados varias vías ferratas y puentes tibetanos. Pasamos por el Puente Rilluengu o Rampión sobre el Arroyo de Redonda desde donde vemos como se precipita formando una espectacular cascada cuando baja agua suficiente. Unos metros más adelante abandonamos la carretera para coger la senda que sube duramente por el Monte Cuebu asiento de un precioso hayedo; estamos en el Camín del Llacigón.
Llegando a la pequeña entalalladura que permite el paso a la Majada de Redonda
Puente sobre el Arroyo de Redonda
Superados los tramos más empinados, accedemos a una corta canal que permite superar un crestón y situarnos en el tramo intermedio del Arroyo de Redonda que cruzamos por un puente de hormigón. Al otro lado está la Majada de Redonda donde una cabaña se conserva en buen estado junto a los prados colgados sobre el desfiladero de Los Beyos.
Cabaña en buen estado en la Majada de Redonda
La marcada senda continúa la dura progresión internándose en un bosquete de labiérnagos (Phillyrea latifolia) donde da varias revueltas y, bastante arriba, cuando los arbustos desaparecen cerca los cantiles rocosos que cierran el valle, faldea la empinada ladera por canchales en los que la senda se difumina; son los pedreros de La Llera. Nos acercamos a un resalte rocoso que se supera mediante un tramo armado, la Sedo de la Cruz del Pico, algo cerrado por matas de avellanos. Hace dos años bajamos por aquí después de subir al Jucantu por el Derrabáu y la senda estaba más limpia; poco a poco los avellanos, las zarzas y las hierbas la van tapando, incluso en los canchales, la senda estaba bastante más marcada. El tramo más inclinado está protegido por grandes piedras y se supera con facilidad.
Superado el bosquete de labiérnagos nos dirigimos hacia los pedreros de La Llera. Vemos la imponente mole del pico Carriá
 Más adelante avanza casi llana y armada hasta salir del desfiladero a través de una rudimentaria empalizada que intenta evitar el paso del ganado hacia Los Beyos. Por encima se encuentran las dos cabañas de La Canga situadas en el extremo septentrional de las amplias majadas de Baeno a las que se accede normalmente por una pista que viene de la carretera entre Ceneya y Amieva a través del collado Ordés.
Foto tomada justo antes de salir del desfiladero de Los Beyos. Abajo se ve el valle del río Santangustia, la carretera que lleva a a San Juan de Beleño por el collado Llomena y la aldea de San Ignacio. Al fondo el Tiatordos y la Sierra de Camarrastrada (Pico Calderón de la Arena)
Cabañas de La Canga
Toca un breve descanso para disfrutar del hermoso paisaje. El profundo desfiladero de Los Beyos, cuyo fondo no se ve, queda como un profunda cicatriz; al otro lado y muy cerca, la gran mole del Carriá, hacia la izquierda (suroeste) Peña Salón, Peña Subes, Niajo y Pozalón… Mientras, aprovechamos para comer algo de fruta en compañía de unas vacas que, ávidas de sal, han confundido nuestras bosas de plástico con las que traen los ganaderos.
Las cabañas de La canga y al fondo Tiatordos, Calderón de la Arena y Carriá.
Reanudamos la marcha subiendo por encina de las cabañas y atravesando dos alambradas para alcanzar un marcado camino que viene de las Majadas de Baeno y se dirige al norte. Enseguida cruzamos otra alambrada que da acceso a un magnífico hayedo de árboles jóvenes y muy altos a punto de mostrarnos sus colores otoñales; magnífico paisaje en el límite de los concejos de Ponga y Amieva.
Camino ancho que viene de Baeno. Ya se ven las primeras hayas.
El hayedo limpio nos permite progresar con facilidad sorteando las rocas que salpican la ladera. En la zona alta los árboles desaparecen y enseguida alcanzamos el amplio collado de Los Cuchillones que se precipita al oeste por el desfiladero de Los Beyos, mientras que al este lo limita la pequeña peña de La Llampa. Nos encaramamos a su cima para disfrutar mejor de las vistas hacia el sur y el este: Cantu Cabronero, Valdepino, Jucantu se vislumbran entre las nubes, mientras que no hay rastro de Picos de Europa; una pena. Las vistas hacia el norte están limitadas por los árboles que cierran por el oeste el extenso hayedo que tapiza la ladera este del Canillín.
Por el hayedo
Altas hayas que miran al cielo
Bajamos del pequeño peñasco de La Llampa por la cara norte y continuamos en esa dirección más o menos por la arista que lleva al Canillín y a través de la zona alta del gran hayedo. Superado un primer montículo por la derecha, encontramos una senda que nos lleva por la ladera oriental pero pegados a la misma arista, hasta salir del hayedo.
Después de bajar La Llampa buscamos la senda por la parte alta del hayedo (ladera oriental) casi en la misma arista.
Después, continuamos por la occidental por un terreno mixto de piedra y hierba con mucha inclinación hacia el desfiladero hasta alcanzar la propia arista que nos lleva en unos pasos a la cima del Canillín. Aunque la inclinación de la ladera es mucha, el tránsito por esta zona no tiene ninguna complicación. Encontramos una cruz metálica a la que se le ha caído la placa identificativa y unas vistas impresionantes: estamos en uno de los balcones más impresionantes sobre Los Beyos.
La ladera occidental que vierte con mucha inclinación hacia Los Beyos está pelada y contrasta con la oriental.
Antecima del pico Canillín.
Haciendo fotos en el pico Canillín.
Como el día es espléndido y las vistas hacia el norte y el oeste son buenas nos quedamos más de una hora para reponer fuerzas, disfrutar del hermoso paisaje y hacer tiempo confiando que desparezcan las nubes que nos tapan el sur (Cantu Cabronero, Valdepino, Jucantu, Niajo, Peña Subes, Ten y Pileñes, etc) y el este (Picos de Europa). Después de comer, aun nos demoramos un buen rato para obtener como recompensa la apertura de algunos claros que nos permitieron ver algo de los Picos de Europa.
Vista norte desde el Pico Canillín.
Vista hacia el norte desde el Pico Canillín: Valle del Sella con las aldeas de Vega de Cien y Cien
Picos Carriá y Robre; a la derecha, por detrás, Pico Pierzu. Desde el Canillín
Picos Priniello y Los Redondos desde el Canillín. Abajo se ven los prados de Amieva, que queda fuera de la foto.
Esto es lo que pudimos ver de Picos de Europa. Peña Santa y el Torco se confunden al estar alineados.
Desandamos un corto tramo de la arista hasta el primer colladín donde nos escoramos al este para descender y bordear por la izquierda el jou del Pozu l’Armada salpicado de hayas; al otro lado hay un jito. El siguiente jou lo rodeamos en parte también por la izquierda y descendemos al fondo donde encontramos las primeras armaduras del Camín del Carbón. A partir de aquí la traza del camino es clara; además, hay hitos y algunas marcas de pintura.
Bajando al Pozu l'Armada
Primero desciende por una vaguada con orientación noreste en medio del hayedo; las muchas hojas caídas casi lo tapan pero su traza es evidente. Después vira al noroeste para encaminarse hacia las verticales peñas de la ladera oriental del Canillín. Para salvarlas, el camino se asienta en buenas armaduras o está tallado en la roca y, aunque a veces es algo estrecho, se camina bien y no presenta ninguna dificultad; algunos árboles caídos le dan un aire aún más agreste. Toda esta empinada ladera es asiento del precioso hayedo de Monte Teyéu y, parece ser, que este camino sirvió para bajar el carbón vegetal producido en estos bellos montes.
Estamos en el Camín del Carbón dirigiéndonos a los contrafuertes rocosos
El camino baja colgado con fuerte inclinación hacia el este.
Algunos troncos caídos interrumpen el paso. La senda es más estrecha de lo que aparenta en la foto y la inclinación hacia la izquierda mucho mayor.
 Una cerrada curva a la derecha y un par de cortas revueltas nos orientan hacia el sureste hasta una zona con menor inclinación y donde el camino casi se pierde. En este tramo hay que prestar atención a los escasos jitos, quizás sea la de peor tránsito. Al llegar a una amplia vaguada (hay pocos hitos), siempre en medio del hayedo, debemos bajar casi de frente hasta enlazar más abajo con el camino antiguo (seguro que su traza original en esta zona daba algunas revueltas, hoy perdidas, para permitir un descenso más sencillo). Retomado el camino, el resto se sigue con facilidad hasta alcanzar los prados de Llerimundi donde enlazamos, después de cruzar una portilla metálica, con la pista que viene del collado Ordés.
Este es el camino que pasa por encima de los prados de Llerimundi
Poco más de 100 metros bajamos por la pista. En la primera curva cerrada a la derecha la abandonamos para seguir por otro camino de menor porte en el límite entre los prados, que quedan a la derecha, y el bosque. Después de un kilómetro de llano y apacible paseo, disfrutando de unas espléndidas panorámicas de las cabañas de Llerimundi, desembocamos en la pista (realmente es un ramal de la que sube a Ordés) que viene de la carretera entre Ceneya y Amieva.
Prados y cabañas en Llerimundi. Por detrás vemos el Pico Abogueru y a la derecha, en parte tapada por el árbol, la adea de Amieva.
Vamos a bajar por el perdido valle de Valderrañes. Apenas pisamos la nueva pista, la abandonamos para seguir una senda bastante perdida entre la exuberante vegetación tanto arbórea con de menor porte; al principio por un prado, y enseguida por el fondo del citado valle, entre avellanos, helechos, zarzas y espinos, buscando siempre los pasos menos invadidos por la maleza. Llegamos a las primeras cabañas de Rañes situadas al lado de un feo pilón sin agua. Por no meternos en los prados cerrados con alambre de espino, bajamos por la senda que ahora tiene mejor traza hasta llegar a las cabañas de Rañes en uso aunque un poco destartaladas.
Llegando a Rañes encontramos esta fea fuente.

Cabaña en uso en la majada de Rañes.
De aquí sale una pista amplia que baja a la carretera nacional justo en el arranque del desfiladero de Los Beyos. Podríamos bajar ella y caminar por la carretera un par de kilómetros hasta el Puente Pombayón, pero sabemos que aún se puede transitar por el camino antiguo que comunicaba Ceneya con el citado puente antes de construirse la actual carretera por el desfiladero; el Camín de La Llorea el Beyu. Y, aunque no lo conocemos, también sabemos de su precariedad y dificultoso acceso. A pesar de todo esto y de que la tarde está avanzada y quedan sólo dos horas de luz, decidimos intentarlo. Fue un gran acierto y uno de los platos fuertes de la jornada.
Después de superar algunos zarzales, bloques de piedra musgosos y matas de avellanos, encontramos las primeras armaduras del Camín de la Llorea.
Disponíamos de un track para encontrarlo y, siguiéndolo, abandonamos la pista en la primera curva a la derecha para subir por un prado. Al otro lado surgió una sendilla que avanzaba, aparentemente, en la buena dirección. Pero como el GPS nos mandaba aún más arriba, hicimos caso al aparato (no estoy seguro si esa senda comunica o no con el de La Llorea) subiendo por otro prado. Hacia la mitad viramos a la derecha entre helechos y zarzales para adentrarnos en un bosquete mixto de ribera y avellanos por donde baja un regato seco relleno con grandes bloques de piedra cubiertos de musgo seco (si estuviera húmedo sería peligroso por los agujeros entre los bloques). Al otro lado del regato avanzamos unos metros entre avellanos que casi nos cierran el paso hasta alcanzar las verticales peñas donde encontramos las primeras armaduras del sendero que estamos buscando.
Puente de madera que aún aguanta el paso. Cuando este puente se caiga el camino será intransitable.
Con buenas armaduras en muchos tramos, sobre todo hacia el final, aguantando el paso del tiempo y la falta de mantenimiento, labrado en la piedra en otros tramos, con un precario puente de madera, con zonas invadidas por la vegetación, con otros tramos en los que el armazón se ha venido abajo y apenas queda una senda colgada, cruzando varios pedreros, todo esto nos ofrece el Camín de la Llorea. Avanza en paralelo a la carretera y al río Sella, colgado sobre el desfiladero, pero bastantes metros por encima y, al caminar por él, hay que mantener la atención; no es apto para quienes estén poco acostumbrados a este tipo de sendas.
En esta zona las armaduras soportan bien el paso del tiempo. Abajo, la carretera.
Otra imagen el Camín de la Llorea

En este punto el camino se ha caído y para seguirlo al otro lado hay que hacer una fácil trepada. No es tan complicado como aparenta la foto.

Breve repisa labrada en la roca; hay que tener especial cuidado.
En tres puntos hay que prestar especial atención. Al principio, al cruzar por el rudimentario puente de madera sobre el abismo. No entraña ninguna dificultad y, mientras el puente aguante, el camino se puede hacer. Hacia la mitad hay un tramo corto en el que el camino se ha venido abajo y hay que hacer una corta y fácil trepada para recuperarlo más arriba; hay buenos agarres y la zona no es de las más inclinadas. Más adelante hay una estrecha y corta repisa labrada en la roca sobre el abismo; son solo dos pasos sin complicación. Como dije antes, el último tramo presenta un estado de conservación excelente; perfecta traza y firmes armaduras.
 
De nuevo vemos el camino con su buen armazón por encima de la carretera. Es algo más estrecho de lo que aparenta en la foto.

Vista hacia atrás de otro tramo armado del camino. Aquí ya ha comenzado el descenso hacia el Puente Pombayón.

A la vista del Puente Pombayón, el camino tiene hierbas, pero se camina bien por él.
Cuando tenemos a la vista el puente de Pombayón, el camino da unas revueltas para perder altura. Después avanza casi llano por encima de la carrera y, aunque se puede bajar a la altura del puente, continuamos unos metros más hasta casi tocar los cables y alambradas colocadas en un pedrero para evitar desprendimientos. Allí mismo tenemos aparcado el coche y, cuando llegamos, la tarde está tocando a su fin.

Lorenzo Sánchez Velázquez