martes, 30 de septiembre de 2014

Retriñón, La Muezca y Peña la Tabierna

Salida y llegada: Felechosa (en el concejo de Aller) 
Distancia: 17,7 km
Perfil de la ruta
Duración: 7:00 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1400 m 
Altura Inicial y Final: 670 m 
Altura máxima: 1862 m 
Fecha de realización: 27/IX/2014
Dificultad: media-alta
Track de la ruta


Mapa de la ruta
Camino del valle de Fresneo
Descripción
       Llegamos a Felechosa, en el concejo de Aller, para ascender al Retriñón. El día es soleado y con buena temperatura, ideal para la práctica del montañismo; sin embargo, las brumas y neblinas que empañan el horizonte dificultan la visibilidad de las montañas más alejadas.
      La subida al Retriñón la hacemos por el Valle de Fresnedo siguiendo las marcas del PR AS 30 “Ruta de las Brañas Alleranas” tal como la describimos en el libro Recorriendo las montañas de Asturias II publicado en Zahorí Ediciones. Pasamos por Peñas Cutias, El Bao y La Gamonal antes de adentrarnos en La Foz. Sin embargo, al llegar a las brañas, en lugar de seguir las marcas del PR por la majada de El Mayaín, tomamos un sendero a la izquierda que cruza la riega llevándonos a la majada de El Caserón y, más allá, a la Collá la Felguera donde se sitúa el Jito Felguera. A poniente, la peña de La Furacá; al norte, la vista se abre hacia el valle Llaimo que enlaza con la ruta del Alba en Cruz de Ríos. Continuamos hacia el este entre acebos por una senda, en llano, que nos deja en la Collá Valencia donde comienza la dura rampa del Retriñón. Siguiendo los hitos que jalonan la subida, pasamos al lado de la peña El Diente, pequeña peña con esa forma, para, enseguida, cruzar al otro lado del gran crestón que baja de la cumbre. Continuando al otro lado por la empinada ladera herbosa alcanzamos cima coronada por un vértice geodésico.
Cabaña en La Gamonal, a la derecha La Foz
       Las vistas que nos ofrece abarcan casi toda Asturias entre las Ubiñas y los Picos de Europa; las fotos panorámicas con los nombres de los picos que se divisan se encuentran en el libro antes citado. Hoy, sin embargo, el cielo no está limpio y las montañas más alejadas se ven con poca nitidez.
       Descendemos por la ladera suroriental cruzando algunos pedreros hasta alcanzar el collado de La Muezca. Pero, en lugar de seguir la senda que en diagonal, entre el brezo, baja la ladera de la sierra, remontamos  otro duro repecho siguiendo una sendilla hasta alcanzar la cima del Pico La Muezca. La ascensión a este pico desde Caleao, siguiendo el precioso valle de Xulió y la bajada posterior por Los Arrudos, está descrita en el primer tomo de Recorriendo las montañas de Asturias. También en este libro están publicadas fotografías panorámicas con los nombres de las montañas. En este caso al tratarse de fotografías invernales, las cumbres nevadas se distinguen muy bien.
Retriñón desde El Caserón

Peña La Furacá desde cerca de la Collá Felguera













El Diente y Collá Valencia, subiendo al Retriñón
       Después del duro día, nos tomamos un respiro para reponer fuerzas en esta solitaria cima. Terminado el almuerzo, nos quedamos un poco más disfrutando de la apacible tarde y del hermoso paisaje. Reanudamos la caminata siguiendo el lomo de la sierra hacia el sureste por una senda de animales entre el brezo de bajo porte. El Monte Ranero se extiende por la falda oriental de la sierra y de allí nos llega la acuciante berrea de los machos que compiten para transmitir sus genes. Desde varios lugares nos llega su berrido pero no vemos ningún animal. Seguimos la senda hasta alcanzar una horcada herbosa próxima a la cumbre de la Peña Tabierna. Un gran muro de piedra, de grandes piedras, separa los concejos de Aller y Caso en esta zona, limitando los ricos pastos de la ladera allerana de las verticales casinas.
 
Bosque Llaimo, Cuchu y Forcá, desde el Retriñón
Desde el Retriñón: La Muezca con el Torres al fondo












Retriñón desde La Muezca
Desde La Muezca, la cordal pasa por La Tabierna y Coriscao












Majada L'Oteru
       Subimos unos metros hasta coronar La Tabierna desde donde tenemos las mismas vistas que desde las cimas anteriores. Cuando estamos bajando hacia el collado herboso, un gran ciervo de espectacular cornamenta sale por debajo de nuestra peña; estaba oculto con la hembra, arrimado a la pared y quizás nos ha oído u olido. Se encamina majestuoso hacia el bosque y aún tenemos tiempo de sacarle alguna foto con teleobjetivo. Al momento, la hembra, más veloz, salva la pradera, salta unas peñas y se sumerge rauda en el bosque; ¡Qué seáis felices!


Majada Las Ordaliegas con el Retriñón al fondo
       A nosotros nos queda el regreso. Una vez en la horcada, emprendemos el rápido descenso por la vaguada herbosa que, más abajo, se cubre de piorno. Buscamos alguna senda que, entre la maleza, nos lleve a la majada El Otero y la encontramos cuando nos adentramos en un bosquete de acebos. La majada posee varias cabañas en uso y bien restauradas. Girando a la izquierda y siguiendo las marcas del PR AS 30, nos acercamos a la cercana majada Las Ordaliegas, con la mayoría de las cabañas en ruinas. Aquí se inicia un hermoso camino que nos va permitir regresar a Felechosa.
       Cruzamos un reguero al lado de la majada La Mornera, que queda a la derecha. Al otro lado del reguero vemos un muro bien hecho y muy llano que discurre por encima de un prado; pensamos que será una acequia que permitía su riego. Una revuelta a la derecha nos mete en el barranco de La Mornera que la senda supera mediante tramos entallados y armados hasta alcanzar un posterior crestón que baja del pico Llaciu. El sendero ahora llanea y nos permite apreciar más arriba, en otro lomo del  pico, la majada de El Brazuelo. Otra revuelta a la derecha nos permite continuar el descenso hasta el Altu la Vallina, a donde llega una pista hormigonada que a su vez sale, a la altura de la piscifactoría, del camino ancho que va de Felechosa a Cuevas.
Tramo de camino entallado

Camino armado que atraviesa el barranco de La Mornera



















       Cruzamos la pista y continuamos por otro camino ancho de tierra en medio del bosque donde se entremezclan avellanos y castaños. Más abajo el camino ancho apto para vehículos, se estrecha después de pasar una cabaña, y continúa en fuerte descenso hasta enlazar con el camino de ida en el valle de Fresnedo. No hay más que desandar otro kilómetro y nos encontramos de nuevo en Felechosa al lado de la pequeña ermita de la Virgen de las Angustias.


Lorenzo Sánchez Velázquez

martes, 23 de septiembre de 2014

Torre Bermeja por Pambuches y La Travesona

Salida y llegada: Posada de Valdeón (en León) 
Distancia: 17,7 km
Perfil de la ruta
Duración: 8:00 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1580 m 
Altura Inicial y Final: 925 m 
Altura máxima: 2392 m 
Fecha de realización: 20/IX/2014
Dificultad: media-alta
Track de la ruta


Mapa de la ruta


Atrás queda Posada de Valdeón
Descripción
Lleras de Pambuches; la niebla no nos deja ver los picos más altos
Bosque de Piergua y entrada al valle de Pambuches, sobre el pedrero
Estrías verticales fruto de la erosión y modelado glaciar horizontal
Collado Pambuches
Desde el collado Pambuches: al fondo el Collado Verde
Final de la Canal del Bufón
Canchal. Torre Bermeja, al fondo
Peña Santa desde Torre Bermeja
Torres de Friero desde Torre Bermeja
Acceso a La Travesona
       Dos horas y diez minutos nos llevó el viaje desde Gijón a Posada de Valdeón (León) por el Puerto del Pontón. Aparcamos en el mismo centro del pueblo. Buenos hoteles y casas rurales dan servicio a la multitud de senderistas y montañeros que acuden a estos lares para adentrarse en los Picos de Europa o recorrer la conocida ruta del Cares. Autobuses de variados tamaños y procedencias dejan a los turistas para recogerlos río abajo en la aldea asturiana de Poncebos.
       Al llegar, dirigimos nuestra mirada al norte, hacia nuestro objetivo, y sólo vemos el gran crestón de las Lleras de Pambuches pués los picos más altos quedan ocultos por la niebla. En esta época del año, a punto de entrar en el otoño, el tiempo en el norte es cambiante y más en los Picos de Europa. No obstante, como sabemos que suele mejorar hasta mediodía y empeorar por la tarde, comenzamos la ruta. A las diez y media cruzamos el Río Cares por el puente situado sobre la misma desembocadura del Río Arenal que nace cerca del puerto de Pandetrave. Un camino ancho sigue a la derecha en paralelo al río. Lo obviamos y seguimos por el de la izquierda que, enseguida, vira también a la derecha comenzando una subida que no nos dará tregua hasta llegar a la Bermeja.
      Al poco, cruzamos la Riega de Rijolles. Entre prados limitados por murias y avellanos, el camino da una primera revuelta a la derecha y otra a la izquierda para situarnos sobre el lomo de la montaña. A la derecha las aguas vierten en la Riega de Pombero y a la izquierda en la citada de de Rijolles. Siempre hacia el norte hasta que entremos en el valle glaciar de Pambuches.
      Más arriba, después de una gran revuelta a la izquierda, se encuentra la senda que debemos seguir. Pero, entre las fotos de Posada, hacia atrás, y las crestas que divisamos por delante entre la niebla, nos pasamos el desvío y seguimos por el camino ancho hasta su finalización en un prado abierto con cabaña y huerto. Estamos en la zona de Pantivalles. Cruzamos el prado. Al otro lado encontramos un pequeño sendero con algún hito que, en llano, nos lleva a la senda principal. A partir de aquí toda la ruta transcurrirá por una senda perfectamente hitada.
       Algo más arriba, en otro saliente herboso de la montaña, encontramos una pequeña edificación que parece refugio. La senda nos permite subir cómodamente y llegar a un pilón con abundante agua en el límite del pequeño Bosque de Piergua. Los prados han ido dando paso al bosque y éste al roquedo con sus canchales, pedreros, lenares, lapiaces y “jous”: estamos en los Picos de Europa.
      Enfrente tenemos las Torres de Arestas y la Torre Ciega y entre ambas la Horcada de Pambuches de la que baja un gran pedrero. Antes de cruzarlo, debemos remontar duramente otro más antiguo, cubierto en parte por la hierba y formado por los materiales arrastrados por el glaciar que en su momento cubrió el Valle de Pambuches. El último tramo de esta empinada panda se hace mejor si abandonamos el centro del pedrero y nos dirigimos por una senda entre la hierba hacia las peñas verticales de las Arestas.
      Una vez cruzado el pedrero que cae desde la Horcada de Pambuches nos adentramos en el valle: a la izquierda vamos dejando las verticales paredes de las Lleras de Pambuches que conservan el pulido horizontal que en ellas hizo el glaciar, superpuesto a las profundas estrías verticales fruto de una posterior erosión cárstica. A la derecha, los derrumbes verticales y canchales de los picos antes citados. Varios rebaños de corzos nos saludan en este tramo: algunos ejemplares se dejan fotografiar a pocos metros, otros, en cambio, huyen por los verticales pedreros que para ellos son autopistas.
      Cruzada la morrena, la cubeta glaciar, orientada hacia el oeste, se ha ido rellenando con desprendimientos que conforman un pedregoso, irregular y bello paisaje cárstico. Atravesado el extenso canchal, accedemos a la empinada pradera en cuyo punto más alto se ubica el Collado Pambuches. Al otro lado, la vista nos ofrece otro tramo de grandes piedras que debemos cruzar bajo los derrumbes verticales del Pico Pambuches, a la derecha, mientras que al fondo apreciamos otro collado herboso y pequeño; el Collado Verde. Antes, también a la derecha, apreciamos el gran pedrero que baja desde la Canal del Bufón por la que vamos a subir. La niebla que antes cubría estos montes ha ido subiendo con nosotros dejándonos a la vista sus hermosas cumbres.
        Este tramo es más llano pero más irregular; piedras grandes asentadas se combinan con otras caídas más recientemente presentando un paisaje caótico pero hermoso. La senda nos lleva hacia el pedrero situado en la parte baja de la canal. La gravilla suelta y la inclinación hacen duro este tramo. Al entrar en la propia Canal del Bufón, el sendero se empina aún más y continuamos la remonatada pegados a la pareg de El Bolo, situado a la derecha de la canal. En algunos tramos preferimos buscar la peña donde asentar mejor los pies o usar ocasionalmente las manos. Despacio, evitando el desprendimiento de piedras que puedan afectar a los que vienen por detrás, remontamos esta dura canal.
        Una vez superada, accedemos a otra zona de canchales y peñas muy erosionadas, rodeada por grandes cimas: Torre Bermeja con su gran cueva, que se ve incluso desde Posada de Valdeón, a la izquierda; Pardo Pescuezo y la Torre Parda cuyos colores ocres contrastan con la caliza del entorno, de frente; una cresta caliza separa éstas de la aguja de la Torre Ita que a su vez está pegada a la Torre Ciega;  sigue el Pico Pambuches que ahora vemos desde su accesible lado norte y finaliza esta visión con la herbosa y poco inclinada ladera norte de El Bolo (que cae vertical en las demás direcciones y limita la canal).
       El sendero nos permite atravesar el canchal y situarnos en una zona arcillosa donde la pendiente aumenta de nuevo. Se trata del último repecho que da acceso al collado herboso situado en la antecima de la Bermeja. No queda más que cruzarlo para acceder al pequeño picacho donde se sitúa la doble cumbre. La segunda tiene un el buzón de montaña en forma de piolet y constituye un mirador excepcional de este sector de los Picos de Europa. Impresiona sobre todo la enorme cresta sur de Peña Santa y los picos agujas y montes que la limitan por ambos lados: a la izquierda está la cuerda que va desde las Garitas Bajera y Cimera, pasando por El Diente, la Cabra Blanca, Los  Estribos hasta el Torco (en este sector por detrás vemos también la Torrezuela, y por delante, El Perro que Fuma y El Gato); a la derecha vemos La Grieta de los Cazadores y los picos Piedras Lluengas, Robliza, Peña Blanca, Verdilluenga y Jultayu.
       Si ahora dirigimos la vista al otro lado del profundo tajo del Cares, encontramos el Macizo Central en el que distinguimos, entre otros picos, los Cuetos del Trave, Dobresendros, Los Cabrones, Torrecerredo, Torre Coello, Torre Celada, Torre de la Palanca, Llambrión y la más bajita Padiorna. El verde valle de la Vega de Asotín separa este enorme macizo de las Torres del Friero (el propio Friero en primer término, la de Liordes y la de Salinas confundiéndose con la anterior). A tiro de piedra, a este lado del Cares tenemos las torres ya descritas: Parda, Ita, Ciega, Pambuches. En este recuento no estamos incluyendo otros picos importantes de Ponga y Redes: la Sierra de Beza (Cantu Cabronero), Ten Pileñes, Maciédome, Tiatordos, Llambria, etc, etc.

La Travesona desde Vega de Llós
Bajando de Vega de Llós por la pista
        Saboreando esta hermosura, aprovechamos para reponer fuerzas. En algunos momentos la niebla ha cubierto los picos más altos, pero otras veces nos ha dejado disfrutar de su extraordinaria visión. En un momento determinado observamos unas nubes muy negras que tapan la cima de Peña Santa y decidimos bajar; la empinada Canal del Bufón se podría hacer más complicada si la encontramos mojada.
       Desandamos el camino, bajamos la canal y, tan ocupados estamos en el descenso, que no nos damos cuenta de que las nubes han desaparecido dejandonos una soleada tarde de verano. Una lástima no haber permanecido un poco más en la cima. Pero la ruta es larga y aún quedan otros lugares que visitar. En la zona baja de la canal, sin llegar al fondo, nos situamos en la senda que se pega a las peñas de la derecha y nos permite remontar al herboso y cercano Collado Verde. Entre tanta caliza gris sorprende ver estos hermosos collados herbosos (el de Pambuches y el Verde).
       En la siguiente etapa de esta ruta recorremos La Travesona; traviesa de un kilómetro que recorre a media altura el flanco sur de los derrumbes verticales que bajan de La Bermeja y Los Moledizos. Son varias terrazas herbosas paralelas con pedreros intercalados y debemos coger la correcta. Para ello, una vez situados en el Collado Verde, nos arrimamos a las paredes verticales de la derecha (aunque nos parezca más evidente bajar unos metros hasta un pequeño rellano, es mejor buscar la senda cerca de la pared rocosa) donde reencontramos la senda que nos permite descender unos metros, para subir después a una pequeña horcadina pegada el crestón rocoso, que a su vez da acceso a la terraza correcta.

Hórreo en Soto del Vadeón; al fondo, los picos del Friero
      Seguimos la senda por La Travesona, que no ofrece ninguna dificultad, disfrutando del hermoso paisaje: a nuestros piés la Vega de Llós; más allá, la pradera de Vegabaño; al fondo, los picos Ten Pileñes, Maciédome, Tiatordos, etc. El fin de La Travesona nos lo anuncia un pequeño hombro herboso que baja de Los Moledizos. Superado, viramos a la izquierda siguiendo la senda que nos va a lleva, en fuerte descenso, por terreno herboso hasta enlazar con la que viene del Collado El Frade. Siguiéndolo, en paralelo a La Travesona pero muchos metros más abajo, continuamos el descenso hasta llegar a los amplios pastos de Vega de Llós, donde encontramos un pilón con abundante agua.
      Las marcas del PR PNPE 12 llegan hasta la vega mediante una pista que viene de Caldevilla. La seguimos un kilómetro, por el interior de un precioso hayedo, hasta llegar a un pilón en la zona conocida como Joto Berín. Aquí la abandonamos para seguir por el camino de la izquierda, que enseguida se convierte en senda. El hayedo da paso al robledal. Más abajo, rodeamos el pico El Cuervo por la derecha, continuando el descenso hasta desembocar en Soto de Valdeón. Hemos caminado otros dos kilómetros desde Joto Berín. En Soto encontramos varios hórreos, alguna casona solariega y unas vistas espectaculares sobre el lateral sur del Macizo Occidental y sobre los picos del Friero. Continuamos nuestra ruta otro kilómetro más por un camino llano, que sigue la margen izquierda del Cares, hasta llegar finalmente a Posada.
      Es el momento de echar la vista atrás para apreciar la belleza de los lugares que hemos visitado en esta ruta. Y como la tarde ha quedado despejada, distinguimos fácilmente la cima de Torre Bermeja por la gran cueva situada en su base.

Lorenzo Sánchez Velázquez




martes, 16 de septiembre de 2014

Pico La Abedular o Celispardi y Cordal de la Bolera

Salida y llegada: Salto el Ladrón, cerca de Ventaniella (en el concejo de Ponga) 
Distancia: 20 km
Perfil de la ruta
Duración: 7:45 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1200 m 
Altura Inicial y Final: 1000 m 
Altura máxima: 1816 m 
Fecha de realización: Septiembre de 2013
Dificultad: media
Track de la ruta

Ermita, caserío y humilladero de Ventaniella
Descripción
    De las largas cordales que arrancan en la Cordillera Cantábrica y se dirigen hacia el norte, destaca la que se inicia al este del Puerto de Tarna y sigue la frontera entre los parques naturales de Redes y Ponga. Primero se denomina Sierra de Celispardi (pico Celispardi o La Abedular), después continúa por las del Montobiu, el Cordal de La Bolera (El Cueto y Pico Alto Paso), el Cordal de Valloseru, el de Ponga (Maciédome y Tiatordos), y sigue, al norte, desviándose hacia poniente, en la Loma de la Escalada (Peña Taranes y La Llambria), etc. Este largo accidente geográfico separa las cuencas del alto Nalón y del río Ponga, que a su vez conforman los concejos de Caso y Ponga, sirviendo de divisoria entre ambos.
Valle de Valdosín con las peñas Pileñes y Ten, al fondo
    La carretera que lleva a la capital del concejo de Ponga, San Juan de Beleño, continúa al sur, pasando al lado de Sobrefoz y termina en la ermita y caserío de Ventaniella, transformada en los dos últimos kilómetros en pista de piedra. Hasta un kilómetro después de Venta de la Faeda, está asfaltada.
    Dejamos el coche un kilómetro después de terminar el asfalto en la zona conocida como Salto el Ladrón donde el río Ponga baja encajonado 20 metros por debajo del trazado de la pista y comenzamos el tranquilo caminar por ella. Hasta la ermita y caserío de Ventaniella, donde el río y la pista están a la misma altura, vencemos un desnivel de 150 metros. Ante nosotros se extiende la gran pradera donde se ubican la ermita y el caserío, rodeados, al oeste, por el gran hayedo de La Salguerosa, al sur por la Sierra de los Llobiles y al este por los montes de Las Castellanas y Les Pandes de Pileñes. El caserío tiene servicio de bar, restaurante y habitaciones, al menos durante el verano.
Pico La Abedular, entre los collados Cotalbo a la izda y Llagos a la dcha.
    Pasado el caserío, el camino se divide en dos: uno, a la derecha sube hasta la majada de La Salguerosa; por él regresaremos. El que seguimos, a la izquierda, da una amplia revuelta para continuar después hacia el sureste; rodea, más arriba, la peña del Xerru (gran peña situada de frente) hasta alcanzar el puerto de Ventaniella a 1427 m de altura (uno de los puertos de montaña más bajos de los que atraviesan la Cordillera Cantábrica). En el Xerru, sale a la izquierda el camino que lleva a las cabañas y pastizales de Miédome a los pies de Les Pandes de Pileñes. En lo alto de puerto hay una zona llana donde nace el arroyo del Puerto que más abajo, cuando confluya con los de La Castellana y Valdosín, formarán todos juntos el río Esla. En el límite provincial entre Asturias y León encontramos una alambrada electrificada para el control del ganado, que abrimos sujetándola por el mango de plástico.
Valle de la Salgerosa. Al fondo Pileñes y Ten
Valle de la Salgerosa con el Montobiu. Maciédome al fondo












Ten y Pileñes desde la cima de La Abedular
       Unos metros más adelante, dejamos el camino principal, etiquetado como sendero de pequeño recorrido PR-LE 20 “Puerto de Ventaniella”, y continuamos por un sendero que discurre por una pequeña vaguada, separándose del curso natural del reguero. El sendero, nos ha servido de corto atajo para desembocar en un ancho camino, que viene del principal, y gira suavemente hacia el suroeste en medio del precioso y pequeño hayedo del Naranco. Completado el giro y situados sobre un lomo herboso salpicado de escobas, descendemos hacia el sur en la misma dirección del lomo para cruzar el arroyo Valdosín y acceder a la pista que discurre, en paralelo, al otro lado. Viene este camino desde la localidad leonesa de La Uña y se dirige al oeste, en medio de un precioso hayedo que llena el valle de Valdosín.
Remelende y Sierra del Mongayu, desde La Abedular
      Dos kilómetros de continua y lenta subida nos dejan en una pradera bajo las verticales caídas calizas del pico Llobiles, a nuestra derecha. Vemos una canal herbosa que nos permitiría ascender hasta el collado que forma con el Llobil Bajo y descender, por el otro lado, hasta la fuente Cotalbo, nacimiento del río Ponga. Pero este no es nuestro camino. Otra franja herbosa entre las tapizadas laderas de estas montañas (predomina el brezo, pero también se intercalan arándonos, sobre todo, algo de cotoya y escobas), con fuerte inclinación, nos permite ascender 50 metros para situarnos en una segunda zona herbosa que con menos inclinación nos lleva hasta el collado situado entre el pico Llobiles, que ahora queda a la derecha, y el Cotalbo, a la izquierda. La vista se abre hacia el norte donde destaca la gran cresta del Maciédome. Ten y Pileñes nos ofrecen sus mejores galas (aunque les hemos ido admirando durante toda la subida).
Bosque cubirendo el Cordal de la Bolera. Al fondo el Maciédome.
    Al otro lado del collado, las faldas de las montañas están completamente cubiertas de matorral bajo, sobre todo brezo. La mejor opción consiste en coger el sendero que sube directamente al pico Cotalbo, a la izquierda, y continuar cresteando hasta llegar al collado Cotalbo. Sin embargo, en ese momento nos pareció mejor seguir otro sendero que parecía dirigirse hacia el citado collado, faldeando la ladera norte del Cotalbo. Fue un error. La sendilla baja demasiado hacia al fondo del valle donde no queremos ir.
    En ese momento, un rebaño de ciervas (conté 27), que nos oye o ve, emprende una veloz huida: maravilla su agilidad corriendo y saltando entre la tupida manta de brezo y arándanos. Cuando a la vista no queda cierva que admirar, seguimos nuestra ruta por donde buenamente podemos, para enlazar con un sendero, ya en la falda oriental de La Abedular, que viene del collado Llagu (situado al norte del pico) y que nos deja en el collado Cotalbo, situado al sureste de nuestro primer objetivo. El collado nos abre la vista hacia poniente: puerto de Tarna a nuestro pies, Remelende, la Sierra de Mongayo, la de Pries, Cantu’l Oso, etc.
Majada de la Bolera. Al fondo el Maciédome
    La subida a La Abedular sigue el lomo de la montaña por una senda muy empinada que vence los últimos 70 metros hasta alcanzar la cima. Allí nos recibe una colonia de hormigas voladoras. Las vistas de las grandes montañas de Redes y Ponga, de sus valles y crestas, sobrecoge: tal es la belleza de estos parajes. Al naciente, los Picos de Europa con sus níveas crestas y a nuestros pies la aldea casina de Tarna.
    Descendemos por la ladera norte, algo menos empinada, hasta el collado Llagu; el bajo brezo amortigua la pendiente. Una pequeña subida entre escobas, por el lomo del Montobiu nos permite enlazar con un sendero que cruza esta sierra por su lado oeste –casín-, cerca de su cumbrera pero sin llegar a ella. El último tramo, antes de alcanzar la ladera norte del Montobiu, transcurre entre escobas. Así llegamos a un corto lomo herboso que nos permite dirigir la vista, de nuevo, hacia el este. Al norte se extiende el tupido hayedo que cubre la Sierra de la Bolera, nuestro siguiente objetivo. Mantenemos esa dirección por el sendero, de nuevo entre escobas, para descender hasta otro lomo herboso algo más amplio. Allí decimos comer admirando la enorme cresta del Maciédome y la arbolada loma de la Sierra de la Bolera.
Majada en ruinas de la Salguerosa y bosque de la Salguerosa
    Continuamos la ruta por el lomo herboso en dirección norte (hacia el oeste las peñas del Montobiu caen verticales sobre la carretera que va al puerto de Tarna; al este, la ladera está cubierta completamente de escobas). El lomo termina en unas peñas que deberemos rodear por la izquierda para seguir, después, por un ancho camino que baja a la Sierra de la Bolera. El camino, al poco, da paso a una senda que discurre casi por lo más alto de la sierra en dirección norte. En este tramo nos ayudarán, en medio del hermoso hayedo, unas marcas rojas, unas veces, y de un color azulgrisáceo, otras. Al poco alcanzamos un claro en el bosque donde quedan las ruinas de lo que un día fue la majada de La Bolera (buenas vistas sobre el Maciédome). Más adelante otro pequeño claro y a continuación unas rocas de las que increíblemente nacen unas hayas marcan la posición de El Cuetu. La senda desciende un tramo hasta darse contra las peñas del pico Alto Paso que afloran sobre los árboles.
Camino por el bosque de la Salguerosa
    La senda rodea la peña por la izquierda y continúa su descenso hasta el collado Paréu a donde llega una pista que viene de la aldea de Tarna. Nosotros solo queremos rodear el pico Altu Paso para acceder al lugar donde estuvimos el invierno pasado. Superadas las peñas, abandonamos el sendero y ascendemos por la vallina hasta alcanzar de nuevo la cumbrera de la sierra al otro lado del pico. Cuando llegamos, aparte del pequeño claro fácilmente reconocible y las pocas vistas dificultadas por los árboles, el resto no parece el mismo. Las pequeñas hayas, libres del ganado que come sus brotes verdes, han crecido, tapando los pocos senderos que entonces encontramos. Vislumbramos el lugar exacto donde comimos unos meses atrás pero ni rastro de unas gafas que allí perdimos. Emprendemos el regreso.
    Retrocedemos por la misma senda hasta alcanzar el último lomo herboso del Montobiu, cuyas peñas limítrofes superamos antes por la izquierda y ahora por la derecha. Justo al lado de esas peñas sale un sendero hacia el este (Ponga) entre las altas escobas. El sendero aún
Ermita de Ventaniella
se mantiene gracias a la cabaña ganadera que todavía existe por esta zona. Cuando desaparezca, las escobas lo habrán invadido todo y será intransitable, como tantos otros. Luchando contra el escobar, descendemos un tramo hasta dar con una vaguada herbosa que nos permite descender sin dificultad hasta el pastizal donde pacen mansamente las vacas. Proseguimos la ruta por una marcada senda que baja hasta el valle del río Ponga cerca de su nacimiento. Aquí enlazamos con otra que viene directamente desde el collado Llagu y ambas bajan a la majada de La Salgerosa. Al llegar, encontramos bastantes cabañas, todas en ruinas, que atestiguan lo que en su día fue una espléndida majada, con abundante agua y buenos pastos en los límites del hermoso hayedo de La Salguerosa.
    En la majada arranca un camino ancho de traza reciente, al menos en su último tramo, a juzgar por la tierra que parece recién removida y que en las zonas húmedas se convierte en barrizal, a pesar de  no haber llovido casi nada en todo el verano (y estamos en septiembre). Nada más dejar la majada nos adentramos en el hayedo que ya no dejaremos hasta alcanzar de nuevo Ventaniella, después de caminar otros dos kilómetros por él. Un breve descanso en el caserío convenientemente regado por unas cervezas que ayudan a mantener el equilibrio isotónico y otros dos kilómetros de la pista, nos dejan en el Salto del Ladrón donde habíamos dejado el coche.

Lorenzo Sánchez Velázquez


viernes, 12 de septiembre de 2014

Mayá Solafoz, Los Collaos de Pandellanza y Mayá Maciédome

Salida y llegada: Sobrefoz (en el concejo de Ponga) 
Distancia: 19,5 km
Perfil de la ruta
Duración: 7:00 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1300 m 
Altura Inicial y Final: 645 m 
Altura máxima: 1714 m 
Fecha de realización: Septiembre de 2013
Dificultad: media
Track de la ruta


Mapa de la ruta

Camino antiguo a Solafoz
Iglesia parroquial de Sobrefoz
Sobrefoz y Sierra de Aranga
Recuencu desde la Mayá Solafoz
Descripción
       Salimos de Sobrefoz, bajando por la carretera que lleva a Abiegos. Nada más cruzar el río Ponga, la abandonamos en el giro que da a la derecha, siguiendo el antiguo camino empedrado que sigue de frente y obviando la ancha pista que sale a la izquierda y sigue en paralelo al curso del río por su margen izquierda. Más arriba desembocaremos en ella.
El camino antiguo se dirige, como nosotros, a la Mayá de Solafoz situada en la ladera oriental del extenso collado de Pandellanza, que, a su vez, está limitado por los picos Maciédome, al sur, y Tiatordos, al norte. El musgo y los helechos tapizan los cierres de fincas, mientras el camino remonta la empinada ladera. Enseguida dejamos a la derecha la Cueva la Llosa (gran oquedad con buenas vistas de Sobrefoz). Entre la exuberante vegetación que bordea el camino, hay algunos claros desde donde se obtienen magníficas vistas del crestón que baja del Recuencu y de la Sierra de Aranga. El duro remonte suaviza su inclinación poco antes de llegar al collado Calviado donde el camino desemboca en la pista a la que antes aludimos.
      Seguimos de frente por la pista dejando a la izquierda magníficos prados con cabañas en buen estado. Un kilómetro y medio más adelante, cuando la pista gira a la izquierda y cruza el arroyo Solafoz, la abandonamos para seguir por un camino umbrío y embarrado que sigue la margen derecha del arroyo. Las hayas con sus troncos recubiertos de musgo, los helechos, el vapor de la evaporación de una soleada mañana, dan al paisaje el encanto de un cuento de hadas. Al final de este mágico kilómetro llegamos a la abandonada mayá de Solafoz: sus cabañas en ruinas con los tejados de llábanas casi ocultas por la vegetación dan fe de lo que en su día fue una magnífica majada de altura. Aún queda una pequeña zona de pastos por donde merodean las pocas vacas de carne que pastan estos lares. Aquí termina el camino.
   
Cabaña en la Mayá Solafoz
Para seguir hasta el extremo más septentrional del collado Pandellanza, hay que continuar por el sendero que sale de la parte más alta del pastizal, en paralelo al reguero y al borde del bosque. Primero por su margen derecho, después por el izquierdo; a veces parece perderse, más adelante lo reencontramos siempre en paralelo al arroyo; da algunas revueltas para vencer las zonas más empinadas de la subida,… Al llegar a un claro tapizado de helechos, perdemos la senda y seguimos por donde podemos, buscando las zonas más despejadas, con menor inclinación y sin alejarnos del reguero. Al fin, a  pocos metros del collado, lo reencontramos entre unas matas de escobas (las únicas que hemos visto hasta este momento). En este punto del collado hay un claro y un hito que señala el límite de los concejos de Caso, al oeste, y Ponga, al este. Las vistas se extienden hacia el oeste (picos La Senda y La Carasca); la gran mole del Tiatordos nos impide ver más. Al este: algo de los Picos de Europa, el Recuencu y el Colláu Zorru.

Subiendo duramente a los Colláos de Pandellanza
      Seguir el lomo de tres kilómetros de collado Pandellanza es una delicia: un bosque de hayas lo cubre completamente, incluyendo sus laderas oriental y occidental. La senda sigue en su mayor parte por el lado casín, dejando a la izquierda algunos pequeños montículos. Bajo el acogedor cobijo de las hayas, el camino está completamente despejado y conserva las marcas antiguas del PR AS- 65  “Cordal de Ponga” y algunos puntos rojos. La placidez del lugar es impresionante. Encontramos un gran roblón seco de bastantes metros de diámetro (Reboyu l’Osu) y un poco más adelante otro no tan grande pero con algunas ramas aún verdes y su tronco interior quemado.
        Llegamos al final del collado en el punto al que los mapas llaman Pandellanza (1471 m) a los pies del cerro calizo de la Xerra el Vallín. La senda rodea el crestón calizo por el lado pongueto, remontando después hacia la divisoria de concejos. Intentamos seguir de frente, al sur, para subir a la Peña’l Quemáu que da acceso a la cresta del Maciédome, pero lo encontramos completamente cerrado. Así que continuamos por la senda que traíamos hacia el cercano colláu Llagu (1533 m) donde quedan los
Reboyu l’Osu en Pandellanza
restos de lo fue magnífica majada. El collado es un cruce de caminos: al norte sigue el que lleva a la cabaña moderna del Recuencu y a la foz de Congostín (por donde descendimos otra vez cuando subimos al Maciédome), al sur sigue el que lleva a la cumbre del Maciédome remontando su la ladera suroccidental y hacia el este asciende una senda que seguimos. En su punto más alto podemos abandonarla para remontar hacia el sur por la cresta del Maciédome. Pero en esta ocasión no tenemos tiempo para acometer la cima; aún debemos comer y visitar la magnífica majada Maciédome.
Desechada la subida al pico, seguimos la senda descendiendo hacia el este. Pronto se bifurca: un ramal sigue hacia el noreste por el hayedo, en paralelo al arroyo Solafoz y finaliza en la maya de Solafoz; el otro, por el que seguimos, se dirige al sureste, dejando a la derecha la vertical cresta norte del Maciédome y nos deja a los pies de una empinadísima canal herbosa. De lejos parecía imposible subir por ella; pero la senda se retuerce en unos palmos de terrero venciendo el fuerte desnivel hasta alcanzar el collado Llampes (un ganadero nos dijo que ellos lo llamaban El Chozu). Se trata de superar el lomo noreste que baja del Maciédome y nos permitirá llegar hasta la majada homónima.
Tiatordos desde el collado Llagos
    A la izquierda queda una pequeña cresta rocosa, la Peña Llampes, donde comemos con buenas vistas. A la derecha vemos la escarpada cumbre del Maciédome y su enorme y afilado crestón sur. El bosque de Pandellanza se extiende a nuestra espalda por donde antes caminamos y termina a los pies del enorme Tiatordos. A su izquierda vemos el Campigüeños, La Senda y La Carasca.
    El fácil descenso por la otra ladera (debemos perder unos 300 m) hasta Mayá Maciédome, la hacemos siguiendo el sendero o atajando directamente por la pradera, dejando a la derecha los contrafuertes y pedreros que caen de la enorme cresta. La majada, protegida de los húmedos vientos de poniente por el gran crestón antes señalado, tiene unas vistas magníficas hacia el este: Picos de Europa, Recuencu y Colláu Zorru. Al sur se superponen las peñas Pileñes y Ten. Tiene buenas casas rectanguales, ahora abandonadas,
Canal de acceso al collado Llampes (El Chozu)
pero de buena fábrica: con paredes bien aplomadas, tejados de llábanas en buen estado, puertas y ventanucos con jambas y dinteles de perfecta hechura. Debió ser una majada rica: grandes pastos rodeados por el bosque, al este, y protegidos por el crestón antes aludido al oeste.
    El descenso hacia la Faeda, en el camino de Ventaniella, la hacemos por el bosque Llampes de Maciédome. Un sendero, apenas dibujado en la hierba, nos permite un suave descenso siguiendo la dirección norte hasta alcanzar el bosque. No se debe realizar un descenso directo ladera abajo; desde las últimas cabañas se gira hacia la izquierda para adentrarse en el bosque. La senda clara nos permite, ahora, un cómodo descenso durante el siguiente kilómetro bajo el frondoso ramaje de las hayas hasta alcanzar el hombro de la montaña. Descendemos directamente por él unos metros hasta toparnos con un camino ancho en la zona de El Rebollu.
Recuencu y Calláu Zorru desde la Mayá Maciédome
El camino da 6 ó 7 revueltas permitiéndonos perder altura con facilidad, siempre en medio del hayedo que cubre la empinada ladera, hasta alcanzar la zona de prados, justo después de la última revuelta. Al llegar a la zona baja, cerca del río, encontramos un camino que sale a la izquierda y nos llevaría a la carretera que va a Ventaniella más cerca de Sobrefoz. Sin embargo, preferimos el principal que, poco más adelante, cruza el río Ponga por un puente y nos deja en la misma carretera a la altura de La Faeda. Esta magnífica casona está completamente restaurada, se llama ahora Venta Aurora y es una casa de turismo rural.
Seguimos por la carretera hacia el norte otros tres kilómetros y medio de agradable paseo disfrutando de la vista del bosque por el que hemos bajado y de los prados que se interponen (al oeste). Del este caen los derrumbes verticales del Colláu Zorru y del Recuencu que dejan entrever, entre ambos, la estrecha Foz de Enol, por donde hemos bajado en otras ocasiones al subir a estos picos. Cerca Sobrefoz tomamos el camino a la izquierda que desciende a la aldea completando esta magnífica ruta por unos de los mejores hayedos de Asturias. Terminamos la ruta con unas cervezas en Casa Benigna en la misma plaza de Sobrefoz.

Lorenzo Sánchez Velázquez