miércoles, 29 de abril de 2015

Jucantu por el Derrabáu y la Sedo la Cruz

Salida y llegada: Puente Vidosa (Concejo de Ponga)
Perfil de la ruta
Distancia: 13 km
Duración: 6:30 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1300 m
Altura Inicial: 290 m
Altura máxima: 1389 m
Fecha de realización: 25/IV/2015
Dificultad: media-alta
Track de la ruta

Mapa de la ruta
Cascada de Aguasalio
Puente Vidosa y cascada de Aguasalio
Subiendo a Rubiellos
          En Puente Vidosa, en pleno desfiladero de los Beyos, la carretera nacional N-625 cruza el río Sella pasando a la margen izquierda. De allí mismo sale el desvío que a través de collado Llomena lleva a San Juan de Beleño capital del concejo de Ponga. Dejamos el coche en el aparcamiento situado al lado del hotel mientras los operarios dan los últimos retoques al centro multiaventura con tirolinas, puentes tibetanos y vías ferratas que allí está preparando la propiedad del hotel para explotar turísticamente este hermoso rincón pongueto. La cascada de Aguasalio proporciona un impresionante y fotogénico telón de fondo.

        Comenzamos la ruta por la pasarela aneja al hotel que asciende por unos escalones hasta la base de la cascada. Un pequeño puente cruza el reguero en la misma base y nos sitúa en el camino o sendero empedrado que nos llevará a través de un frondoso bosque de avellanos y fresnos a la abandonada aldea de Rubiellos (520 m). Una primera y solitaria cabaña nos da la bienvenida. Más arriba encontramos el núcleo central con varias casas en ruinas, un pequeño hórreo del que sólo queda en pie un pegollo y otro entero en la parte más alta. A su lado sigue la senda que en algunos tramos está armada para superar los cortados que caen casi verticales hacia los Beyos. El paraje es hermoso y espectacular: de vez en cuando echamos la vista atrás, entre los árboles, para descubrir la bella silueta del pico Carriá al otro lado del desfiladero y en su base las aldeas de San Ignacio y Canisqueso.

Cabaña y hórreo en Rubiellos desde la senda que sale hacia el collado Cocoba

Camino armado que sube al collado Cocoba
             En los lugares donde la inclinación lo permite, cerca de la aldea, los avellanos han ido ocupando su lugar natural donde en tiempo hubo pequeños prados. Más arriba, siempre es más arriba en esta ruta, el frondoso bosquete desaparece y alcanzamos el collado Cocoba (770 m) desde donde impresiona tanto la mirada hacia las profundidades de los Beyos como las montañas y cortados que los rodean: los picos Niajo y Pozalón, Peña Ñorín, Peña Subes, el tajo de la Foz de los Antamios al que sigue la Peña Vibolines y su continuación en Peña Salón y la omnipresente Carriá. Desde aquí ya vemos lo que nos queda para alcanzar el Derrabáu: el bosquete de Valleyones y la extensa y empinada pradera de La Cangona. El Jucantu queda a su izquierda.

Mirando atrás, el Carriá
Los Beyos, Niajo y Pozalón y Peña Subes
          La senda, que en esta zona se ha arreglado recientemente para permitir el paso del ganado, baja unos metros para cruzar la cabecera de la riega de Llaganazos (738 m) situada después de un pedrero. Continúa después por la empinada cuesta del bosque de los Valleyones donde encontramos las marcas del paso reciente del ganado hasta acceder al Estosu (910 m), pequeño collado que da acceso al extenso prado de La Cangona. Merece la pena asomarse al desfiladero desde las peñas situadas a un lado del sendero: tan profunda es la foz que no alcanzamos a ver el fondo, pero en las paredes verticales del otro lado apreciamos con claridad las serpenteantes sendas del Cartero y la Verganza. La primera sube hasta la aldea de Biamón que también vemos y la segunda baja desde la abandonada aldea de Caviella de la que sólo vemos una casa. De Casielles la iglesia.




Bosque del Valleyón; arriba La Cangona y el Derrabáu


           Accedemos al empinado prado de hierbas largas de La Cangona con vacas pastando. Remontamos duramente el prado. A medida que ascendemos vemos emerger por encima de Peña Salón la inconfundible silueta del Tiatordos y a su derecha Campigüeños, Llambria y Pierzu. En el extremo hay una alambrada de espino para evitar que el ganado se despeñe. Nos dirigimos a la zona más alta para alcanzar una senda muy marcada que discurre por la zona rocosa y nos va a permitir bordear, al lado de la alambrada, el empinado prado que finaliza en el precipicio de los Beyos. Llegamos al Derrabáu (1175 m), gran pradera colgada como un balcón sobre el abismo, con las ruinas de varias cabañas con techumbre de llábanas a los pies del Jucantu.


Senda final que nos deja en el Darrabáu
Cabañas en el Darrabáu
          En la vertical, 850 metros más abajo, el río Sella y la carretera avanzan por el desfiladero bajo la atenta mirada del Frailón y las Monxines (pico La Plana). Un viento fresco y algunos nubarrones que amenazan lluvia nos impiden disfrutar completamente de esta hermosísima atalaya. Aún así todos los montes que antes hemos descrito están a la vista.
Desfiladero de los Beyos desde el Derrabáu. Frailón y Monxines a la izda.
Jucantu desde el Derrabáu
Dura subida al Jucantu; abajo se queda el Derrabáu
          Después de un breve descanso nos encaminamos hacia las peñas del Jucantu. Lo abordamos superando las sucesivas terrazas con tendencia a la derecha que es por donde menos resistencia ofrece la empinada ladera. El terreno mixto de peñas y piedra suelta, altas hierbas y piornos de bajo porte, nos deja en la cresta de la montaña a unos metros a la derecha del montón de piedras que coronan su cima.
Cumbre del Jucantu
           Se nos abre el horizonte este con las caídas verticales del Valdepino y del Cantu Cabroneru y Peña Beza nevados. Al norte se extiende la extensa y larga vaguada que finaliza en los ricos prados y cabañas de las majadas de Baeno. También vemos la pista que baja a ellas desde el collado Ordés. Las vistas son espectaculares y paramos un buen rato a reponer fuerzas.
Valdepino, Cantu Cabroneru y Peña Beza
Vista atrás del valle del Gioves y Lloés
Nos dirigimos al camino armado que cruza el Sierro Agüergu
          El descenso para completar el circuito lo haremos por las majadas de Baeno y la Sedo la Cruz del Pico. Para ello, seguimos unos metros la cresta de la montaña hacia el sureste hasta el pequeño collado (1357 m) que separa el Jucantu de la Cabritera y descendemos al valle situado al este donde encontramos lo poco que queda de la Majada del Jucantu o de Gioves (1280 m). Entre espineras en flor, el sendero baja paralelo a la Riega de Gioves por su margen izquierdo hasta un hermoso prado con las piedras caídas de lo que antaño fue una cabaña (1010 m). Aquí se junta la riega con la de Lloés y las cruzamos dejando que sigan su curso hasta aportar sus aguas al Arroyo de Redonda que se precipita más abajo al abismo de los Beyos. Al final de la ruta cruzaremos este arroyo como explicaré más adelante.
         Nuestro sendero se dirige hacia las peñas que vemos enfrente y que corresponden al crestón norte del Sierro Agüergu. Un camino armado lo rodea (se ve nada más cruzar la riega) por el norte y hacia allí nos dirigimos. Desde las peñas situadas en el punto más alto del camino (1050 m), donde vira al este para completar el rodeo, obtenemos unas hermosas vistas de las majadas de Baeno y, echando la vista atrás, del Jucantu y del valle de Gioves por donde hemos bajado.

Carriá y los prados de Baeno desde el crestón del Sierro Agüergu
          La senda, en llano, completa el rodeo entre hayas bordeando después el valle por el que se precipita la Riega Llasprón. La cruzamos (1045 m), y avanzamos al norte hasta la campera de La Colladiella (1055 m) donde inicia un corto descenso que nos deja en la pista que viene desde Amieva por el collado Ordés. Seguimos la pista a la izquierda pasando por la cabaña en uso de Práu Ríu (903 m) cuyos sillares y paredes de perfecta hechura muestran la maestría de los canteros de la zona. El camino gira bruscamente a la derecha y enseguida a la izquierda hasta una portilla que cruzamos. Pasamos al lado de varias cabañas en ruinas y mantenemos la dirección noroeste, sin dirigirnos a la riega, hasta alcanzar las dos cabañas más noroccidentales (La Canga) (908 m): una tiene el techo caído y la otra aún lo conserva.
Cabañas en La Canga; desde aquí se baja derecho hacia la Sedo la Cruz

Bajando por la Sedo la Cruz del Pico

Otra imagen de la bajada por la Sedo la Cruz del Pico
          En este punto (y no antes) nos dirigirnos directamente hacia abajo. Enseguida, al llegar a una muria, encontramos unos hitos y el sendero que baja unos metros antes de acceder a la Sedo la Cruz del Pico. Nada más llegar y asomarnos, impresiona la vertical caída de muchos metros; pero la senda con protección lateral que hace de quitamiedos no ofrece ningún peligro. Por ella descendemos fuertemente y más abajo cruzamos dos pedreros en la zona llamada La Llera para adentrarnos después en un tupido bosque de pequeños labiérnagos (Phillyrea latifolia). No conocíamos esta planta (algo parecida al madroño) y cogimos unas ramita para identificarlas con la ayuda de la aplicación Arbolapp que ofrece gratis el CSIC. Tiene una base de datos con 98 especies de árboles autóctonos de la península ibérica.
Arroyo Redonda; el puente que lo cruza se ve al fondo
Cascada vista desde el puente que cruza el arroyo Redonda
Hayedo en el Monte Cuebu; parte final de la ruta
          El fuerte descenso nos lleva finalmente a la solitaria cabaña de la majada Redonda (408 m) muy cerca del arroyo del mismo nombre. El arroyo trae abundante agua y se cruza por un puente de hormigón al lado de una hermosa cascada. Al otro lado, los ganaderos han colocado una empalizada en el camino para evitar que se salga el ganado. La cruzamos y subimos unos metros hasta la Forcada de Redonda (410 m) antes de emprender el definitivo descenso por el hayedo del Monte Cuebu. Este camino llamado Camín del Llacigón nos lleva finalmente a la carretera nacional N-625 cerca del Puente del Rampión. Medio kilómetro por ella nos deja de nuevo en Puente Vidosa donde tomamos unas cervezas comentando las incidencias de esta maravillosa ruta.

Lorenzo Sánchez Velázquez