lunes, 3 de marzo de 2014

La Airúa Naval. Circular desde Tene

Datos de la ruta:
Salida y llegada: Circular desde Tene
Perfil de la ruta
Distancia:  14,2 km
Duración: 5:30 horas (sin paradas)
Altura máxima: 1413 m (en la Airúa Naval)
Subidas acumuladas: 1100 m
Dificultad: media
Fecha de realización: 15/XII/2013
Track de la ruta

Mapa de la ruta



       Tene y Bermiego son dos aldeas del concejo de Quirós. La primera da nombre a la sierra que vamos a recorrer y en la segunda se encuentran un roble y un texo ambos centenarios y catalogados.
            Comenzamos esta ruta circular en Tene, a donde llegamos después de coger una desviación en la AS-229 a la altura del embalse de Valdemurrio. El ascenso lo haremos por el amplio valle que se extiende hacia el norte, entre el pico Cascorbal, a la izquierda, y la propia Sierra de Tene, cuya gran cresta quedará a la derecha. El descenso lo haremos por el amplio valle situado entre esta última y la del Aramo, pasando por la localidad de Bermiego y regresando a Tene por la Senda de las Bobias.
            A la entrada de Tene, donde estacionamos el vehículo, sale a la derecha una moderna pista, que antes de estrellarse contra las peñas de la sierra, da un giro brusco a la izquierda para ascender por el valle, dando grandes revueltas hasta la Mortera d’ Abaxu o Espineres. Más allá sigue por las cabañas de Meanes y finaliza en la Mortera de Arriba o de Tene. Sin embargo,  preferimos el antiguo camino empedrado, que aún se conserva, y sube directamente hacia las citas majadas. Para acceder a él, subimos por las empinadas calles del pueblo, admirando sus magníficos hórreos, sus casas antiguas, muchas con horno exterior, otras bien arregladas, sus corrales, hasta alcanzar las más altas. El antiguo camino empedrado sale recto y empinado hacia el norte.
Pico Mayor o Gorrión
            Al poco, cruza la pista (730 m) y continúa derecho, casi oculto por la maleza en los tramos donde el empedrado escasea, hasta llegar a la entrada de una finca, adonde también llega un ramal de la pista principal (840 m). Evitamos de nuevo la pista, continuando por el camino que mantiene siempre la dirección norte, entre las morteras de los prados en uso, hasta toparnos de nuevo con la pista principal. Estamos en la Mortera d’Abaxu (Espineres) (920 m). Continuamos, ahora sí, por la pista un tramo de unos 300 metros hasta donde terminan los prados en uso. Aquí la abandonamos, dejándola que siga hacia su destino final, al noroeste, en la Mortera de Tene.
            Cruzamos el prado en desuso que encontramos a la derecha para alcanzar una senda que sigue hacia el norte, casi paralela a la pista. Más arriba se encajona y la encontramos invadida por la maleza. Sin embargo, los animales han hecho otra,  en paralelo, que nos permite proseguir la ascensión, ora a un lado del encajonado camino, ora al otro. Entre la vegetación rastrera de hierbas, helechos y algunos avellanos que, a veces, casi la tapan, continúa en paralelo al crestón rocoso que cae desde lo alto de la Sierra de Tene, situado a la derecha.
Oviedo y pico La Mostayal, desde la Sierra de Tene
            Pasada la zona con más vegetación, llegamos a un gran prado que finaliza en una muria de piedra. Estamos en un amplio collado dando vista al norte (1230 m). Hemos hecho ya la mayor parte de la dura subida. Cruzadas la finca y la muria, la senda nos va guiando hacia la zona donde el acceso a la cresta caliza es más sencillo. Superado un corto tramo de roca, alcanzamos una pequeña pradera con buenas vistas hacia el norte, el oeste y el sur (1310 m). Después de caminar siempre hacia el norte, hemos sobrepasado nuestro objetivo (La Airúa Naval) para encaramarnos en el crestón calizo por el punto más fácil. Ahora toca virar hacia el sur para terminar la ascensión: apenas nos falta un kilómetro y 100 metros de subida. Aquí no encontramos una senda clara, pero sí innumerables sendillas de animales que nos llevan hasta una cerca de piedra y alambre de espino rodeando un hondonada herbosa. Estamos muy cerca del pico al que llegamos por primera vez (1413 m). Está coronado por un pequeño montón de piedras: ni un vértice geodésico, ni un simple buzón de montaña tiene esta olvidada cumbre que ofrece al solitario visitante unas vistas impresionantes del concejo de Quirós y de las montañas que lo rodean. Por no hablar de las magníficas vistas de la Sierra del Aramo, de las Ubiñas, del Cordal de la Mesa, llegando incluso la vistas hasta Peña Manteca y los aerogeneradores de Tineo. También se alcanzan a ver las ciudades de Oviedo y Gijón al final de la planicie central asturiana.
Aramo desde la Airúa Naval
            El descenso por la ladera este, la realizaremos virando en diagonal hacia el noreste, sin camino ni sendero, por un terreno pedregoso e inclinado hasta alcanzar una primera pradera herbosa que discurre transversalmente a nuestra marcha (la franja de hierba está orientada de sur a norte). Manteniendo la dirección, y una vez cruzado el pastizal, sale una senda por la que suben y bajan las vacas, que nos permite continuar el descenso por una amplia canal que enseguida nos deja en otra franja herbosa más estrecha. Al otro lado, la senda nos ayuda en el descenso, a pesar de la mayor inclinación del terreno. En un primer tramo, se orienta al sur, después baja directo hacia el este, hasta que, ya cerca de final, vira de nuevo al sur para rodear unas peñas. En el punto donde gira bruscamente hacia el norte para terminar el descenso de la Airúa, hay una pequeña portilla. Una vez cruzada, la senda nos lleva por el bosquete con el que finalizan las grandes praderas del Pando de la Mortera, a los pies de las peñas de la Airúa Naval. Enseguida salimos a las extensas praderas del Pando que ocupan el amplio collado (1111 m).
Pando de la Mortera. El Aramo, detrás.
            Por este punto pasan dos rutas largas: la GR AS-207 (“Ruta de las Reliquias”) de unos 38 km que va desde el Puerto Ventana hasta Pedroveya y la GR AS-106 (“Ruta de San Melchor”) de 61 km que va desde Oviedo hasta la aldea de Cortes en el concejo de Quirós. Si siguiéramos las marcas hacia el norte de ambas rutas llegaríamos al collado de la Canal Seca y a La Rebollá, donde estaríamos unas semanas más tarde como apuntamos en otra entrada de este blog.
            En este caso nos dirigimos al sur, pues nuestro objetivo consiste en llegar a Bermiego y rodear, después, la sierra de Tene. Continuamos por la pista siguiendo las marcas caídas estas rutas, llegando enseguida a una zona de grandes prados bien cuidados con cercas de piedra: son Les Brañes de Llinares. La pista en esta zona da una gran revuelta, en llano, para, al final descender a Bermiego. Es la mejor forma de bajar aunque está casi completamente hormigonada. Nosotros, sin embargo, en lugar de descender, continuamos por un camino que sigue de frente, sin terminar de dar el citado rodeo, buscando la ermita de la Merced. Pero cuando el GPS nos indica que estamos en ella, solo encontramos una cabaña ganadera y, en cambio, vemos la espadaña de la ermita cerca del camino principal. Se ve que hay un error en todos los mapas topográficos, seguramente porque todos son copias de uno principal, con el que se inició el error. En lugar de dar marcha atrás, continuamos por el camino porque vemos que hay posibilidad de descender casi directamente al pueblo, sin dar rodeos.
Brañas de Llinares. Airúa naval, al fondo.
            Pero los antiguos caminos han quedado abandonados y casi tapados por la maleza. Así que a duras penas avanzamos por ellos buscando la salida a la pista principal, que finalmente encontramos no sin antes cruzar algún prado. Sin querer, la pista ahora nos obliga a dar un pequeño rodeo, pero en cambio nos permite avanzar con rapidez. Alcanzamos la aldea de Los Llanos (800 m), después de una revuelta a la derecha. No tenemos más que descender un corto tramo por la carretera asfaltada para llegar a la localidad de Bermiego (750 m). A la entrada, encontramos el gran roblón, declarado Monumento Natural, cuyo tronco es tan grueso que permite una pequeña cabaña con puerta y candado. Al lado se encuentra la capilla de San Antonio (fechada en 1790) sin más interés que una pequeña espadaña con campana. Sin adentrarnos en el pueblo, continuamos por la pista hormigonada que se aleja de él hacia el noroeste. Subimos una corta cuesta y, tras otro corto descenso, llegamos a la iglesia de Santa María en cuyo lateral encontramos el gran Texu (Taxus baccata) catalogado también como Monumento Natural. Tiene un tronco de 6,6 m de perímetro, una altura de 10 m y una envergadura total cercana a los 15. Desde aquí disfrutamos de buenas vistas de Bermiego, con Peña Rueda al fondo cerrando el horizonte este.
Texu de Bermiego
            Para regresar a Tene se nos ofrecen ahora dos posibilidades: una, seguir por la pista de tierra, embarrada, que desciende unos 250 metros, cruza dos arroyos y remonta, después, otros tantos metros (ésta era la idea inicial); o, intentar rodear la Sierra de Tene por la Senda de las Bobias que discurre a media altura por las estribaciones meridionales de la Airúa Naval. Optamos por la segunda opción. Para ello, retrocedemos hacia Bermiego y, antes de llegar, abandonamos el camino por el segundo desvío que sale a la izquierda. Se trata de una buena pista que llanea durante medio kilómetro, separándose, al cabo, en tres caminos. Quizás lo mejor habría sido continuar por la del medio que tiene mejor traza y nos hubiera dejado, quizás, en la propia senda, aunque un poco más arriba. Optamos por descender fuertemente por el camino de la izquierda, que contiene mucha piedra suelta, barro y agua hasta alcanzar un arroyo. Una vez cruzado, encontramos un camino recientemente desbrozado (lo que fue una gran suerte dada la hora y lo que una quedaba de ruta). Asciende fuertemente mediante varias revueltas hasta alcanzar el lomo de La Corra Cuetu. Sigue, empedrado a tramos, faldeando el citado lomo por su ladera oriental y cerca de la cumbre, en dirección norte. Como debemos ir hacia el oeste, hay quien piensa cruzar la loma, campo a través, para descender al otro lado y cruzar el arroyo de las Agüeras. Sin embargo, al otro lado, el lomo cae abruptamente y la ladera situada al otro lado del arroyo es muy vertical. No se ve ningún posible paso. Seguimos pues por el camino desbrozado hacia el norte, aunque aparentemente nos estamos separando de la dirección correcta, hacia el oeste. Cuando el camino llega al cierre de una finca y se desvía a la derecha (después de caminar por él casi un kilómetro después del arroyo), lo abandonamos y seguimos por otro que desciende a la izquierda, hacia el arroyo Agüera, aguas arriba. Cruzado el arroyo, accedemos sin complicaciones a la Senda de las Bobias.
Tene al atardecer, desde la Senda de las Bobias.
            Viramos al sur por el marcado sendero, armado en algunos tramos, que llanea sobre las caídas verticales, mientras el arroyo se precipita en el abismo. Rodeando la gran peña en la que termina la Airúa Naval por el sur, en un punto damos vista a la aldea de Tene. Terminado el rodeo, la senda se dirige al norte, presentando dos opciones: seguir por ella, hacia el norte, cruzando primero un pedrero y, entre las murias de los prados después, para desembocar finalmente en el antiguo camino empedrado que utilizamos en la subida, completando el circuito; o, descender fuertemente por una senda, algo oculta en su inicio antes del pedrero, entre avellanos, que en pocos metros nos lleva a la pista principal que viene de Tene. Optamos por la segunda, pero, al llegar a la pista, la cruzamos, atajando por un camino que nos lleva directos a al barrio alto de Tene. Finalmente, bajamos entre las casas hasta regresar al punto de donde partimos por la mañana.


Lorenzo Sánchez Velázquez