jueves, 28 de enero de 2016

Picos Cazarnosa y Orrúa. Circular desde Pomar de las Montañas

Perfil de la ruta
Salida y llegada: Pomar de las Montañas (Cangas de Narcea)
Distancia: 26.5 km
Duración: 7:00 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1050 m
Altura Inicial: 570 m
Altura máxima: 1385 m
Fecha de realización: 23/I/2016
Dificultad: media
Track de la ruta



Itinerario: Pomar de las Montañas – El Castru – Pico Cazarnosa – Collado Llagos o Braniego – Pico Orrúa – Mosquiero de Robledo – Pozo de las Montañas – Pomar de las Montañas.


        Para llegar a Pomar de las Montañas desde Cangas del Narcea se pueden seguir dos itinerarios: el más sencillo recorre la CN-1 hasta su finalización en la aldea de Besullo, el otro toma la AS-14 en el kilómetro 52 de la AS-15 (la que discurre en paralelo al río Narcea) hasta Linares donde se coge la que pasa por Otero y desemboca en la CN-1 cerca de Besullo. Teníamos previsto dos alternativas en función de las condiciones meteorológicas. La ruta corta subía desde Besullo al Carzarnosa por Pomar de las Montañas y bajaba por las cabañas de Faidiel (o al revés), la larga comenzaría en Pomar subiendo primero al Cazarnosa para seguir la cumbrera hasta el Orrúa y regresando al final por la sierra que cierra el valle del Pumar por su margen derecha. Esta ruta, desde Besullo, supondría más de 30 kilómetros. Por el camino, decidimos partir de Pomar para hacer la ruta larga con algunos atajos programados que no se pudieron hacer, como explicaré más adelante.
Entre Besuyo y Pomar de las Motañas (vista hacia atrás)
          Siguiendo la carretera, atravesamos Besullo en coche y continuamos por el camino que lleva a Pomar. No conocíamos estos parajes y creíamos que la pista estaba asfaltado, o al menos, hormigonada. Pero, nada más salir de la aldea, desaparece el hormigón y encontramos un camino de tierra en mal estado y con charcos; es tan estrecho que solo permite circular un vehículo y tiene pocos lugares donde aparcar u orillarse. Son apenas 3 kilómetros y merece la pena hacerlos a pie porque el paraje es especialmente hermoso: el río baja encajonado entre una exuberante vegetación donde predominan hermosos robles cubiertos de líquenes y los musgos y helechos cubren completamente las verticales paredes en las que se ha excavado el camino en algunos tramos. El problema es la larga distancia de la ruta. Finalmente dejamos el coche a un kilómetro de Pomar y aún así hicimos más de 26 kilómetros, la mayor parte por pistas de tierra.
Llegando a Lleirón
Molino de Lleirón
El desastre de Pomar visto desde la pista que baja del Pozu.
         Comenzamos a caminar por la pista y enseguida cruzamos y descruzamos el río Pumar dejando a la izquierda la casa de El Lleirón de dos plantas y en uso. Un molino antiguo queda a la derecha a la orilla de un prado y en la zona hubo hasta un mazo. Después del recodo del río alcanzamos Pomar de las Montañas casi abandonado y asolado por la fiebre constructora que, por lo que se ve, también alcanzó estos remotos lugares durante el “boom” inmobiliario. Un cartel a la entrada del pueblo nos previene: Construcción de apartamentos rurales,… Y lo que encontramos son los esqueletos de ladrillo sin tejado donde hubo cabañas rústicas. Un desastre. A alguien se le ocurrió convertir casi todo el pueblo en un “moderno” centro de turismo rural y con la crisis las obras quedaron paralizadas; nunca he visto tal desaguisado en las majadas, brañas o aldeas de Asturias. Hubo que esforzarse en buscar encuadres para fotografiar los pocos edificios auténticos que han quedado en pie (un hórreo, una casa grande y un molino a la orilla del río) y evitar sacar los abundantes y horribles esqueletos de ladrillo que ocupan casi toda la aldea.
Casa y cuadra en Pomar de las Montañas
          El camino sigue en paralelo al río y entre ambos queda un prado cuidado por mastines. Apenas lo dejamos atrás, tomamos el desvío a la derecha (seguimos el itinerario más largo del GR – 109 “Asturias interior” que indica Berducedo 23,4 km) que asciende rápidamente entre los pinos de repoblación (Pinus radiata), dando varias revueltas. En la zona del Castru parece que retrocedemos pero enseguida damos una aguda revuelta a la izquierda que nos lleva a superar un hombro de la sierra en el Coyáu. Por el camino encontramos gruesos troncos de pino que esperan amontonados e inservibles desde hace años; no se entiende esta explotación ilógica de la madera.
Desde el Castru valle del Pumar cerca de Besullo.
          En este punto pensábamos remontar por el citado hombro para abreviar la subida al Cazarnosa por la misma arista de la sierra. Pero el terreno estaba impracticable: se ha hecho un clareo y desbroce de pinos y los restos han quedado en el suelo; imposible caminar por allí. No queda más remedio que continuar por la pista. Por esta zona de El Coyáu caminamos en llano admirando el hermoso valle del Pumar y entre los pinos van brotando aquí y allá robles y algunos castaños. Más adelante, el camino reanuda la ascensión y mientras a la izquierda continúa el pinar, a la derecha, donde no llegó la repoblación, el joven robledal se ha adueñado de la ladera.
Pinos (Pinus radiata) antes de llegar al Coyáu.

        Un desvío a la derecha sube hasta el Peñón de Pumar en la cumbrera de la sierra y continúa más allá descendiendo por la otra ladera hasta Faidiel y Besuyo. Lo obviamos y remontamos por el camino recto que, liberado a ambos lados del arbolado, permite mejores vistas hacia el valle. Así alcanzamos el hombro occidental de la sierra, al otro lado (al oeste) del Cazarnosa, en el paraje llamado Paredón de Cazarnosa que nos abre el horizonte norte hacia el valle del río Comba limitado al otro lado por la Sierra de Iboyo.
Los aerogeneradores están en la sierra de Llagos. El valle del río Comba está limitado al otro lado por la Sierra de Iboyo
          Seguramente con la repoblación de pinos se construyeron los anchos cortafuegos que siguen la cumbrera de estas sierras, pero la falta de mantenimiento los ha hecho inútiles; el brezo se ha adueñado de ellos. Por el que baja del Cazarnosa emprendemos una dura remontada siguiendo algunos senderillos en los que se han colocado ocasionales hitos entre el brezo. Un par de resaltes limitados por canchales de piedra (cuarcita) nos dejan en la cima. Encontramos un vértice geodésico y buenas vistas sobre la Cordillera Cantábrica del occidente asturiano: Cueto Arbás, Cueto Regueiro, Caniellas, Chagonacho, etc. Al noreste vemos la Sierra de la Cabra entre la Fana Genestaza (inconfundible por su formidable argayo) y La Patana, la Sierra de Peña Manteca y la de Begega. Vemos también Tineo al norte y su sierra repleta de aerogeneradores. A occidente la Sierra de Orrúa que se prolonga hacia el norte por la de Llagos (también con aerogeneradores) y al sur por la de Valledor.
Desde la subida al Cazarnosa vemos el ancho cortafuegos. Al fondo vemos la Sierra de Orrúa a la que llegaremos más tarde.
Cima del Cazarnosa.
Zoom hacia el Cueto Arbás desde el Cazarnosa.
        Podríamos descender por la ladera oriental hasta el Peñón de Pumar y de ahí bajar a Besuyo, pero nuestra ruta hoy es más ambiciosa, queremos llegar hasta la Sierra de Orrúa. Bajamos por la senda hasta enlazar de nuevo con el GR – 109 que nos lleva en 3 kilómetros de ligeras subidas hasta el collado Llagos o Braniego donde hay una cerca para el ganado y unos pocos pinos que sirven de refugio a una docena de caballos.

        El camino ancho de tierra sigue por lo más alto de la despejada sierra y en poco más de dos kilómetros nos deja en su alomada cima junto al vértice geodésico rodeado de un pequeño canchal de bloques de cuarcita. Es hora de reponer fuerzas.
Cazarnosa desde el Orrúa

Cueto Arbás, Cueto Reguiro y Caniellas desde el Orrúa.
        Como la jornada es larga y los días cortos, reanudamos enseguida la marcha siguiendo hacia el sur por el camino ancho que corona esta llana montaña. Finaliza en Mosqueiro de Robléu, finca rodeada por un pedrero. Rodeamos la muria de la finca por la izquierda y cruzamos una parte del canchal para descender rápidamente (la pendiente es considerable) por lo que fue un ancho cortafuegos continuación de los ya recorridos.
Mosqueiro de Robléu, finca rodeada por un pedrero, donde finaliza la pista. Se rodea por la izquierda y se baja por el cortafuegos (con mucha pendiente)
       Alcanzamos un collado, y mientras el cortafuegos avanza para coronar un montículo, nuestro camino ataja cruzando un prado que, en línea recta, nos deja en el cercano collado donde reencontramos el camino ancho que, más adelante, deja a la derecha el monte Pumarín.
Pedrero de bajada de Mosquiero Robléu
Vista del cortafuegos por el que bajamos desde Mosqueiro de Robléu.
        De nuevo nos sumergimos en un pinar de repoblación, pero, allí donde los pinos van cayendo o no se han replantado, va creciendo un hermoso bosque de abedules. La pista llanea primero y después desciende suavemente siguiendo la configuración de la sierra ofreciéndonos buenas vistas del Cazarnosa al otro lado de amplio valle del Pumar. En la zona por donde baja el valle La Banqueira encontramos un reciente clareo y desbroce del monte con replantaciones en algunas zonas. Pero los nuevos plantones no parecen medrar; es más, ni siquiera se ven dentro de la malla de plástico que supuestamente los protege. Por eso no sabemos si se han replantado pinos o árboles autóctonos. Un poco más adelante, después de un desvío que baja al valle, encontramos restos de los “trabajos” forestales realizados: fajos de mallas de plástico de protección de plantones y estacas de guía tirados de cualquier manera a la orilla de la pista. Un panel nos informa de los trabajos realizados y financiados seguramente por la Unión Europea a juzgar por su logotipo. Sin comentarios…
Por el camino, al otro lado del valle del Pumar, vemos el Carazrnosa donde estuvimos por la mañana.
Por el camino, los pinos van dando paso a los abedules que poco a poco van colonizando la ladera.
        Después de cinco kilómetros desde el último collado alcanzamos el collado de Pozo de las Montañas. Su nombre proviene seguramente del pozo que había en la zona en el que se almacenaba agua en la época romana para soltarla de golpe por galerías muy pendiente y arruinar la montaña (Ruina montium). La fuerza del agua arrastraba las tierras auríferas hacia los lavaderos.
Colmenas en Lleirón al otro lado del río Pumar.
        Desde el collado, un camino baja hacia San Felix, al sur, donde se encuentra en la ladera de la montaña el gran socavón del “El Carcavón” que ha perdurado desde la época romana. Cerca, en San Pedro de las Montañas, se encuentra el Centro de Interpretación del Oro. Pero nuestro camino baja en sentido contrario y da varias revueltas antes de llegar a Pomar de las Montañas. Hemos bajado por la pista, pero hay un camino que parece atajar desde el mismo collado. No queda más que desandar por la pista hasta el Lleirón.

Lorenzo Sánchez Velázquez