jueves, 12 de noviembre de 2015

Sierra de la Cabra entre la Fana Genestaza y el pico La Patana


Salida y llegada: La Azorera (Genestaza, concejo de Tineo)
Perfil de la ruta
Distancia: 18,5 km
Duración: 7:00 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1150 m
Altura Inicial: 800 m
Altura máxima: 1529 m
Fecha de realización: 25/V/2014
Dificultad: media
Track de la ruta







          La Sierra de la Cabra recorre de sur a norte el centro del occidente asturiano. Su ladera occidental pertenece al concejo de Tineo mientras que la oriental se la reparten los de Belmonte de Miranda y Somiedo. En los extremos se sitúan dos montañas conocidas: al norte la Fana de Genestaza y al sur La Patana o Alto de la Prida.

        En el km 31 de la carretera AS-15, que lleva a Cangas del Nancea, sale la que va a Tuña y continúa después hacia el sur siguiendo el curso del río Genestaza. El último tramo de 3 km, a partir de Puentecastro, la carretera, que antes ha tenido buen asfalto, se encuentra en mal estado, muy estrecha, con continuos baches y muchas curvas. Cruzamos la aldea de Genestaza en dirección a L’Azurera hasta una cerrada curva a la derecha donde aparcamos.
Aldea de L’Azurera en el concejo de Tineo desde cerca de la majada La Chamiza.

         Comenzamos la ruta obviando los dos caminos que salen de la misma curva y retrocedemos unos metros por la carretera para tomar el camino ancho que se dirige, entre prados con cerca de piedra, hacia el río Genestaza. Como viene crecido por las recientes lluvias debemos descalzarnos para vadearlo. Al otro lado, el camino ancho sigue hasta la puerta de un prado. Quizás haya algún sendero que remonte por encima de los prados cercanos al río; nosotros no lo encontramos. Cruzamos la puerta y, pisando la hierba, nos dirigimos a la muria oriental que saltamos para salir a un sendero que discurre entre los prados y la sierra. La senda, que avanza hacia el norte, enseguida cruza el reguero de El Reguerón, después rodea por la izquierda unas peñas verticales, siempre en ascenso (hasta que lleguemos al collado La Chamiza, 500 metros más arriba, la cuesta no dará tregua) hasta llegar a la amplia canal que baja desde lo alto de la Sierra de la Cabra por cuya ladera occidental estamos subiendo.
El enorme argayo de la Fana de Genestaza desde la majada la Chamiza. En lo alto, el profundo tajo dividió la peña en dos: El Diente y La Fana.

         Viramos al este remontando duramente la empinada ladera en paralelo al reguero hasta alcanzar la majada La Chamiza. Situada en una zona algo menos inclinada, sólo encontramos las piedras caídas de las paredes de lo que en su día fueron cabañas. Mantenemos la dirección, en paralelo a la canal y con la vista puesta en un solitario y joven abedul (en la majada el sendero se pierde). A partir de este punto el terreno, que se inclina aún más, se vence mediante un par de zigzag. Después, la senda se pierde y los últimos 100 metros de desnivel los superamos entre las escasas matas de brezo que colonizan la ladera. En el collado de La Chamiza la densidad del brezo aumenta y sólo quedan despejados unos pocos metros cuadrados de hierba. La cima de la Sierra de la Cabra es un tupido brezal que nos va a dificultar en exceso el tránsito. Sin embargo, las vistas que ofrece de los picos de Somiedo, del cordal de la Mesa y de las Ubiñas son impresionantes y nos acompañarán hasta que bajemos de La Patana.

Desde el collado de La Chamiza vemos el Cornón, Cogollo Cebolledo y Peña Treisa.
         Siguiendo el lomo de la sierra nos encaminamos hacia el noreste bregando entre el brezo y buscando cualquier senda de animales que nos lleve a un crestón rocoso que debemos cruzar. Bordeamos dos peñas y al final de la 2ª encontramos la senda que permite el paso dando vista al pico alomado de la Cabra. Luchando de nuevo contra el brezo nos dirigimos hacia la pequeña colina del pico en cuya ladera se ha hecho un incompleto desbroce por el que accedemos a la cima. Sólo encontramos un montón de piedras a modo de señal. Desde aquí veremos, muy cerca hacia el noroeste, las afiladas crestas del Diente y La Fana de Genestaza.

Desde el collado La Chamiza debemos superar el crestón que se ve para llegar primero al pico La Cabra.

Desde el pico La Cabra vemos El Diente a la izquierda y el Pico la Fana a la derecha. Hacia allí nos dirigimos.
       Bajamos de La Cabra y nos dirigimos hacia ellos. De nuevo la pelea con el brezo. Atravesamos un canchal de grandes bloques de cuarcita (es la roca predominante en toda la sierra), para remontar, después, la ladera occidental de la Peña el Diente cubierta de brezo bajo y piedra. Cuando estamos casi en su cima, bajamos unos metros hasta el pequeño collado que lo separa de la Peña de la Fana. Formada por dos peñas verticales, a la primera se sube por una rampa bastante aérea y para alcanzar la segunda, algo más alta, hay que descender primero unos metros y cruzar, después, una corta cresta almenada (se puede rodear unos metros por debajo). Para alcanzar la cima del pico La Fana, hay que cruzar una repisa de unos 6 metros de largo en una pared vertical con buenos agarres (también se puede descender unos metros hasta el comienzo del embudo que se precipita vertical y remontar al otro lado). En ambos casos nos situamos en la ladera norte de la peña a unos pasos de la cima. Las vistas son magníficas y bajo la peña, en vertical, se precipita el argayo o fana que da nombre a la peña que baja hasta casi alcanzar las mismas casas de Genestaza.
En la cima del pico La Fana de Genestaza; se sube rodeándolo por la derecha.

         Este enorme desprendimiento es reciente y hay constancia de que en el siglo XIX las cimas de El Diente y de La Fana estaban unidas. Un primer derrumbe y la posterior erosión produjeron la fana más grande de Asturias. El terreno cuarcítico se desmenuza con facilidad y, en zonas muy inclinadas, la roca pierde consistencia y se producen estos espectaculares desprendimientos.
Peña Manteca desde la Fana de Genestaza

       Retrocedemos hasta el collado La Chamiza y en el camino de regreso encontramos unas trazas de sendero mejores que las de la ida. El brezo ha ralentizado mucho la marca y sólo hemos hecho 5,5 km en casi tres horas. Seguiremos el lomo de la sierra en dirección sur pasando primero por la Peña del Hombre, apenas un montículo. En este tramo hay buenos senderos entre el brezo bajo que ahora apenas molesta. Un corto descenso hasta la collada La Mueta da paso a un paisaje desolador (habría sido una buena ambientación para hacer una secuela de la película “La Carretera” basada en el libro del mismo título de Cormac McCathy): toda la sierra hasta La Patana ha sido asolada por un gran incendio. El gobierno del Principado ha prohibido el pastoreo en esta y otras sierras incendiadas últimamente en el Occidente. Si las zonas de tupido brezo vivo eran incómodas para caminar, el muerto con sus rígidos y puntiagudos palos contienen el peligro de dolorosos pinchazos. De este desolado entorno sólo nos compensa, eso sí con creces, las espléndidas vistas de las montañas nevadas al sur y el este que antes citamos.
Desde el collado La Mueta, zona quemada; al fondo La Patana y, a la izquierda, la tramo de la Cordillera entre el Cornón y Peña Treisa nevados.

         Después de La Mueta continuamos en ascenso rodeando las peñas que anteceden al pico Alto’l Gamonilín. Superadas las peñas nos encaminamos hacia su cumbre por la que pasamos, creyendo que la cima estaba en las peñas anteriores. Ahora iniciamos el descenso por la ladera suroccidental, dejando la segunda cumbre del pico a la derecha. Un rápido descenso de unos 160 m de desnivel nos deja en una de las pocas zonas herbosas que han quedado intactas: es el collado La Cabra, donde encontraremos unos caballos pastando. Parada a comer tras unas matas de brezo que nos protejan del viento frío. Mirando hacia el Cornón y las otras grandes cumbres somedanas, y con la vista puesta en la antena de La Patana, cogemos fuerzas, para lo que aún nos espera.

        Como ya llevamos bastante retraso, el penúltimo pico de la sierra, Entrantos, lo bordeamos por su ladera oriental siguiendo un sendero que, enseguida, comprobamos que desciende demasiado y lo abandonamos por otros que no pierden altura y nos dejan en la última zona herbosa de la sierra (antes de La Patana): el collado La Vallina. Ahora toca el remonte hasta la cima de La Patana. Son 250 metros de desnivel que deberemos vencer sin camino buscando las zonas más despejadas de los duros tallos de brezo quemado. No es fácil la ascensión, porque la ladera debía estar completamente tupida de brezo. Subimos hasta unas peñas situadas cerca de la cima que dan acceso a una corta zona casi llana que nos lleva hasta el remonte final. Pero al poco de acometerlo encontramos con una buena, doble y paralela senda que, llaneando de nuevo, nos deja en la pista que asciende hasta las antenas y casetas que coronan la cima de La Patana.
Vista hacia atrás de la Sierra de la Cabra desde La Patana. Al fondo, a la izquierda, se aprecia la Fana de Genestaza. Peña Manteca entre las nubes.

         Abajo vemos el valle del río Pigüeña con la localidad de Robléu a nuestros pies; más allá está Pigüeña y la última aldea que se divisa es Corés. Las grandes montañas de Somiedo están a la vista al sur y el sueste. Al suroeste encontramos la Sierra de la Serrantina, al oeste, al otro lado del valle del río Genestaza, está la de Dagüeño y al norte la de La Cabra. Al este se encuentra el cordal de La Mesa y más allá las Ubiñas.
Pigüeña en la valle del mismo nombre, desde La Patana.
Siguiendo el valle del Pigüeña vemos la aldea de Corés. Cierran el paisaje el Moscosu, a la izquierda y El Cornón a la derecha.

         Descendemos por la pista hasta el collado La Prida, punto de encuentro de los concejos de Tineo (al norte y el oeste), Cangas del Nancea (al sur y el oeste) y el de Somiedo al este. Hasta aquí llega también la senda que viene de la localidad somedana de Robléu y que otra vez utilizamos para alcanzar la cima de La Patana. Entre las altas escobas, no veo rastro de la senda que había hace unos años, pero esto no significa que la senda esté cerrada por la maleza.
Al bajar del collado La Prida encontramos la Braña de los Cadavales con estos hermosos caballos. En La Patana se ve su gran antena.
        Del collado La Prida la pista, que viene desde tierras canguesas, continúa el descenso entre los extensos pastizales de la Braña de los Cadavales donde se encuentra un segundo collado que da acceso al valle de Genestaza. Este pequeño tramo del recorrido pertenece al concejo de Cangas del Narcea. Hay una fuente en construcción y un gran depósito de agua para uso de las brigadas contraincendios. Abandonamos la pista que se dirige hacia el oeste hasta la localidad canguesa de Ridera para continuar por el valle del naciente río Genestaza (Xinistaza). Antes debemos abrir el cercado eléctrico que guarda los caballos que por allí pastan. Por cierto, encontramos un potro con un gran desgarro en una de sus patas delanteras, quizás por el ataque de los lobos. El giro hacia el norte siguiendo el curso del río nos depara las estampas más bellas del recorrido: las hayas, que rellenan los bajíos, con su reciente y verde cubierta contrastan con la desolación que vimos en lo alto de la sierra. Los parajes bucólicos se suceden. Una revuelta en la pista permite el descenso hasta una amplia pradera junto a un bosquete de hayas al lado del río. Más adelante, otra gran mancha de hayas llenan una buena parte de la ladera occidental de la sierra a la altura del collado La Vallina, poco antes de llegar a los prados de Almurfe.
Valle del río Genestaza (Xinistaza). A la derecha, la Sierra de la Cabra que finaliza en el espectacular argayo de la Fana de Genestaza
          Aquí el camino sigue el mismo trazado que el río, y como va crecido, debemos saltar a un prado para seguir por él hasta la puerta de acceso, que cuesta abrirla. A partir de este punto el camino es ancho y muestra las roderas de los vehículos ganaderos que hasta aquí llegan.

        Quedan dos kilómetros y medio y el camino sigue en cómodo y suave descenso, mientras el río se precipita al fondo del valle. Su rumor nos acompañará el resto de la ruta. En un punto nos encontramos de nuevo a su altura, pero enseguida se sumerge de nuevo en la hondonada mientras nuestro camino sigue casi en llano. Llegamos finalmente a una zona de prados, donde el camino de tierra que traemos pasa a ser de hormigón. Poco después cruza el río por un puente para situarnos en su margen izquierda y desembocar finalmente en la carretera que va de Genestaza a L’Azurera justo en la curva donde dejamos el coche por la mañana.


Lorenzo Sánchez Velázquez