sábado, 13 de enero de 2018

La Mostayal. Circular desde Peñerudes

Salida y Llegada: La Boza d’Arriba (Peñerudes) (Concejo de Morcín)
Distancia: 10,7 km
Duración: 5:30 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 920 m
Altura Inicial: 530 m
Altura máxima: 1301 m
Fecha de realización: 4/XI/2017
Dificultad: media
Track de la ruta

Itinerario: La Boza d’Arriba (Peñerudes) – Majada Ordiales – Majada Piñera – Pico La Mostayal – Collado Pandelaforca – Majada de Brañacé – Vega de Bobies – Carretera hacia La Vara – Desvío por senda – La Boza d’Arriba (Peñerudes).

Nota: en el rodeo a La Mostayal por la ladera oriental encontramos sendas al comienzo y al final pero no en la zona intermedia donde se pierden entre helechos, cotoyas y zarzas. En este tramo hay que procurar seguir el track para evitar las zonas más invadidas por la maleza.
Nota: las fotos corresponden a tres subidas a La Mostayal realizadas en 2007, 2016 y la que describo en 2017.

Como daban lluvia a partir de las 3 de la tarde, decidimos alcanzar la cercana cima de La Mostayal donde hacía 10 años que no estábamos. Como entonces, partimos del barrio alto de La Boza en Peñerudes. Llegamos a la aldea morciniega después de salir de la N-630 en Argame por la MO-5 y cruzar por la presa el embalse de Los Afilorios. En el barrio de Los Campos (Peñerudes) seguimos unos metros por la MO-2 para desviarnos en la primera calle a la derecha.
Al finalizar las últimas casas La Boza d’Arriba, se puede aparcar.
Al finalizar la calle asfaltada, después de las últimas casas, hay un amplio ensanchamiento con un alargado y feo pilón donde aparcar. Una pista hormigonada le da continuación entre prados donde pacen las vacas. Al otro lado del valle, por cuyo seno discurre la carretera que lleva a Pedroveya y La Rebollada, los montículos verdes de prados finalizan en el que se asienta la torre medieval del Torrexón de Peñerudes; a sus pies vemos la aldea rodeada de prados. A la derecha los cerros gemelos de Peña la Ultra y Cavadal sobre las casas de Campu dan paso al embalse de Los Afilorios. El conjunto nos ofrece una magnífica estampa realzada por las nieblas matinales que se van elevando sobre el propio valle.
Vista atrás: prados y aldea de Peñerudes, el Torrexón a la izda, los picos gemelos Peña la Ultra y Cavadal y el embalse de Los Afilorios.

Después de cruzar una portilla metálica, la pista se divide en dos y cogemos el ramal de la izquierda que continúa subiendo; el otro, el principal, faldea en llano la montaña para bajar a la carretera cerca de la aldea de Pedroveya. Una revuelta a la izquierda nos lleva por una zona llana y embarrada hasta sobrepasar apenas el lomo de la montaña y cruzar una portilla de alambre. En otra ocasión subimos por el mismo lomo directamente, pero ahora la senda ha desaparecido entre las punzantes cotoyas y hay que seguir unos metros más para coger la senda que también comienza con barro pero más arriba mejora con tramos del antiguo empedrado.
La senda rodea el Peñón Blanco por la derecha.(foto de Miguel Mayoral, de febrero de 2016)

Tramo empedrado del camino mientras se rodea el Peñón Blanco (foto de Miguel Mayoral, de febrero de 2016)

A la izquierda va quedando el afilado Peñón Blanco y, cuando lo sobrepasamos, se abre a esa misma mano una vaguada de hierba parcialmente invadida por la cotoya. Dejamos la marcada senda y seguimos por otra que remonta por el empinado valle. Arriba se abre y da acceso tras unas espineras a la majada de Ordiales con buenos pastos y una cabaña en completa ruina. La niebla nos envuelve en algunos momentos pero a en otros se hace jirones anunciando un cielo azul que finalmente no llegará.
Laguna en la majada de Ordiales (foto de Miguel Mayoral, de febrero de 2016)

Continuamos por la alargada vaguada que divide en dos la montaña por su misma arista longitudinal. En la siguiente vallina nos escoramos al hombro de la derecha desde donde vemos abajo los amplios pastos de la Vega Campo con cabañas. A la izquierda tenemos la arista rocosa del Canto la Vara que debemos superar. Sin perder altura nos encaminamos hacia una evidente y cercana horcada. Debimos ir más directos pero, intentando evitar las cotoyas, nos escoramos demasiado por la pradera y tuvimos que retroceder.
A la derecha vemos el espolón del Canto la Vara que se supera por una collada que no se aprecia en esta foto. Hacia la derecha es extienden los pastos de Vega Campo. (foto de Miguel Mayoral, de febrero de 2016)
Vega Campo desde la subida al Canto la Vara (foto de 2007)

Superado el Cantu la Vara accedemos a la Majada Piñera.
La horcada da acceso a la pradera de la Majada Piñera en la que encontramos solo los muros desnudos de lo que fue una protegida cabaña. Las nubes bajas casi han desaparecido (no las altas que amenazan lluvia) y observamos con claridad la cumbre cercana de La Mostayal; hacia allí nos dirigimos. La senda clara supera con facilidad un resalte rocoso con fuertes caídas hacia poniente hasta situarnos bajo el pequeño montículo en el que se asientan el vértice geodésico, el buzón de montaña en forma de cruz y un belén protegido por una sólida reja de ferralla.
Por la arista cerca de la cima de La Mostayal.

Cumbre de La Mostayal con su buzón de mañana y belén de cumbres bien guardado.

Al naciente, el mar de nubes nos oculta las vistas pero, al sur, la Sierra del Aramo impide parcialmente su avance dejándonos ver la ladera occidental de la sierra, la de Tene y las aldeas de La Rebollá y Pedroveya y el arranque del desfiladero de Les Xanes, entre otros parajes.
Sierra del Aramo y mar de nubes al este (foto de 2007).

Sierra del Aramo y Sierra de Tene (Airúa Naval) (foto de 2007).
Mirando hacia el oeste desde La Mostayal vemos las aldeas de La Rebollada (por detrás la Sierra de Serrandi), Pedroveya y Dosango. El desfiladero de Les Xanes queda en medio de la foto. (Cortesía de Miguel Mayoral, febrero de 2016)

Emlbase de los Afilorios, Soto de Ribera con su central térmica y Oviedo. (Foto de Miguel Mayoral, febrero de 2016

Como no disponemos de mucho tiempo antes de que comience a llover, reanudamos enseguida la marcha descendiendo unos metros por la ladera oeste. La marcada senda nos lleva hacia el sur en paralelo al crestón rocoso. Lo supera enseguida por una horcada y damos vista de nuevo al este. Una franja herbosa nos permite un rápido y cómodo descenso con la vista puesta en la majada de Brañacé. Pero antes de llegar debemos escorarnos a la derecha para terminar de rodear el crestón rocoso y continuar después el descenso hasta el collado de Pandelaforca que separa La Mostayal del resto de la sierra del Aramo, al sur.
Descenso de La Mostayal por la cara sur. La senda permite rodear el espolón de la izda (fuera de la foto) por ambos lados. En 2016 se rodeó por donde vienen los compañeros, en 2017 por el otro lado subiendo previamente por la franja de hierba cercana.
Bajando al collado de Pandelaforca que separa La Mostayal del resto de la Sierra del Aramo (que arranca en las verticales peñas del Mosquil). A la derecha bajaríamos a Pedroveya o La Rebollada, y a la izquierda a La Vara.

Por aquí pasa un camino que viene de La Vara (concejo de Morcín) y faldea toda la ladera occidental de la sierra del Aramo hasta el collado Pando de la Mortera, bajando después a Bermiego. Un ramal de este camino permite subir a la majada de Fontazán y a la línea de cumbres septentrionales del Aramo (Gama, Calza, Monrasiellu y Gamonal). Hace un par de años recorrimos estos parajes siguiendo este camino (esta ruta no la he subido al blog); también alcanzamos estas cumbres desde el Angliru, completando la ruta mañanera con la subida al Moncuevu.
Cabañas de Brañacé
Majada de Brañacé. Foto de Miguel Mayoral, febrero de 2016
Bajamos de Pandelaforca hacia el este por el camino que lleva a las cabañas en uso de Brañacé. A nuestra espalda, en el Aramo, las verticales peñas de El Mosquil inician la crestería de la sierra. Por la amplia vaguada herbosa seguimos el descenso separándonos ocasionalmente del embarrado camino hasta la Vega de Bobies donde hay una cerca para el ganado y donde finaliza el camino asfaltado que viene de La Vara. Hace años bajamos por este camino hasta La Vara y después quisimos completar el rodeo de La Mostayal hasta Peñerudes por caminos antiguos. Sólo pudimos llegar después de atravesar algunas zonas invadidas por los helechos y las cotoyas y varios prados. Esta vez, con la información que nos habían dado otros compañeros del grupo, quisimos rodearlo por una senda que avanza a media ladera entre los crestones rocosos de la cumbre y el camino asfaltado.
Foto tomada hacia atrás desde la senda que nos permitirá rodear La Mostayal. Vemos la Peña el Mosquil a la dcha y la carretera que sube desde la aldea de La Vara.

Bajamos medio kilómetro por la carretera y cogemos el sendero a la izquierda que avanza en subida entre cotoyas, zarzas y helechos. Al llegar a unas peñas que se descuelgan desde el crestón cimero bajamos por una empinada y corta canal. La senda se pierde o se mezcla con otras de animales que no siempre llevan la dirección correcta. Entre cotoyas, helechos y zarzas avanzamos como podemos (he arreglado el track para seguir la buena dirección) procurando acercarnos a un prado en uso rodeado de árboles que se ve después de sobrepasar la aldea de La Vara. Después continuamos por debajo y en paralelo a un resalte hasta alcanzar el cercado de un prado con dos árboles y una cabaña en la zona alta. De la parte inferior del prado sale una marcada senda que avanza llana entre zarzas aumentando progresivamente su entidad hasta convertirse en camino ancho poco antes de enlazar con el camino de subida en el arranque del hombro septentrional de La Mostayal.
Senda que permite rodear La Mostayal por su ladera oriental. Abajo se ve el embalse de Los Afilorios. Foto febrero de 2016
En noviembre de 2017 encontramos la senda bastante cerrada en algunos tramos (y no fue fácil seguirla). También vemos el embalse de Los Afilarios.

Monsacro desde la ladera oriental de La Mostayal


Hemos perdido mucho tiempo en este tramo buscando las sendas y ha comenzado a llover justo al enlazar con el camino ancho; apuramos el paso. Bajamos por la pista de tierra y hormigón hasta el feo pilón y cuando llegamos la lluvia arrecia.

Lorenzo Sánchez Velázquez