miércoles, 29 de abril de 2015

Jucantu por el Derrabáu y la Sedo la Cruz

Salida y llegada: Puente Vidosa (Concejo de Ponga)
Perfil de la ruta
Distancia: 13 km
Duración: 6:30 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1300 m
Altura Inicial: 290 m
Altura máxima: 1389 m
Fecha de realización: 25/IV/2015
Dificultad: media-alta
Track de la ruta



Mapa de la ruta

En Puente Vidosa, en pleno desfiladero de los Beyos, la carretera nacional N-625 cruza el río Sella pasando a la margen izquierda. De allí mismo sale el desvío que a través de collado Llomena lleva a San Juan de Beleño capital del concejo de Ponga. Dejamos el coche en el aparcamiento situado al lado del hotel mientras los operarios dan los últimos retoques al centro multiaventura con tirolinas, puentes tibetanos y vías ferratas que allí está preparando la propiedad del hotel para explotar turísticamente este hermoso rincón pongueto. La cascada de Aguasalio proporciona un impresionante y fotogénico telón de fondo.
 
Puente Vidosa y cascada de Aguasalio.

Cascada de Aguasalio.

Comenzamos la ruta por la pasarela aneja al hotel que asciende por unos escalones hasta la base de la cascada. Un pequeño puente cruza el reguero en la misma base y nos sitúa en el camino o sendero empedrado que nos llevará a través de un frondoso bosque de avellanos y fresnos a la abandonada aldea de Rubiellos (520 m). Una primera y solitaria cabaña nos da la bienvenida.

Subiendo a Rubiellos.

Más arriba encontramos el núcleo central con varias casas en ruinas, un pequeño hórreo del que sólo queda en pie un pegollo y otro entero en la parte más alta. A su lado sigue la senda que en algunos tramos está armada para superar los cortados que caen casi verticales hacia los Beyos. El paraje es hermoso y espectacular: de vez en cuando echamos la vista atrás, entre los árboles, para descubrir la bella silueta del pico Carriá al otro lado del desfiladero y en su base las aldeas de San Ignacio y Canisqueso.


Cabaña y hórreo en Rubiellos desde la senda que sale hacia el collado Cocoba.

Camino armado que sube al collado Cocoba.

En los lugares donde la inclinación lo permite, cerca de la aldea, los avellanos han ido ocupando su lugar natural donde en tiempo hubo pequeños prados. Más arriba, siempre es más arriba en esta ruta, el frondoso bosquete desaparece y alcanzamos el collado Cocoba (770 m) desde donde impresiona tanto la mirada hacia las profundidades de los Beyos como las montañas y cortados que los rodean: los picos Niajo y Pozalón, Peña Ñorín, Peña Subes, el tajo de la Foz de los Antamios al que sigue la Peña Vibolines y su continuación en Peña Salón y la omnipresente Carriá. Desde aquí ya vemos lo que nos queda para alcanzar el Derrabáu: el bosquete de Valleyones y la extensa y empinada pradera de La Cangona. El Jucantu queda a su izquierda.

Mirando atrás vemos el pico Carriá.

Los Beyos, Niajo y Pozalón y Peña Subes.

La senda, que en esta zona se ha arreglado recientemente para permitir el paso del ganado, baja unos metros para cruzar la cabecera de la riega de Llaganazos (738 m) situada después de un pedrero. Continúa después por la empinada cuesta del bosque de los Valleyones donde encontramos las marcas del paso reciente del ganado hasta acceder al Estosu (910 m), pequeño collado que da acceso al extenso prado de La Cangona. Merece la pena asomarse al desfiladero desde las peñas situadas a un lado del sendero: tan profunda es la foz que no alcanzamos a ver el fondo, pero en las paredes verticales del otro lado apreciamos con claridad las serpenteantes sendas del Cartero y la Verganza. La primera sube hasta la aldea de Biamón que también vemos y la segunda baja desde la abandonada aldea de Caviella de la que sólo vemos una casa. De Casielles la iglesia.






Bosque del Valleyón; arriba La Cangona y el Derrabáu.

Accedemos al empinado prado de hierbas largas de La Cangona con vacas pastando. Remontamos duramente el prado. A medida que ascendemos vemos emerger por encima de Peña Salón la inconfundible silueta del Tiatordos y a su derecha Campigüeños, Llambria y Pierzu. En el extremo hay una alambrada de espino para evitar que el ganado se despeñe. Nos dirigimos a la zona más alta para alcanzar una senda muy marcada que discurre por la zona rocosa y nos va a permitir bordear, al lado de la alambrada, el empinado prado que finaliza en el precipicio de los Beyos. Llegamos al Derrabáu (1175 m), gran pradera colgada como un balcón sobre el abismo, con las ruinas de varias cabañas con techumbre de llábanas a los pies del Jucantu.


Tramo final de la senda que nos deja en el Derrabáu.

Cabañas en el Darrabáu.

En la vertical, 850 metros más abajo, el río Sella y la carretera avanzan por el desfiladero bajo la atenta mirada del Frailón y las Monxines (pico La Plana). Un viento fresco y algunos nubarrones que amenazan lluvia nos impiden disfrutar completamente de esta hermosísima atalaya. Aún así todos los montes que antes hemos descrito están a la vista.

Desfiladero de los Beyos desde el Derrabáu. Frailón y Monxines a la izda.

Jucantu desde el Derrabáu.

Dura subida al Jucantu; abajo se queda el Derrabáu.

Después de un breve descanso nos encaminamos hacia las peñas del Jucantu. Lo abordamos superando las sucesivas terrazas con tendencia a la derecha que es por donde menos resistencia ofrece la empinada ladera. El terreno mixto de peñas y piedra suelta, altas hierbas y piornos de bajo porte, nos deja en la cresta de la montaña a unos metros a la derecha del montón de piedras que coronan su cima.

Cumbre del Jucantu.

Se nos abre el horizonte este con las caídas verticales del Valdepino y del Cantu Cabroneru y Peña Beza nevados. Al norte se extiende la extensa y larga vaguada que finaliza en los ricos prados y cabañas de las majadas de Baeno. También vemos la pista que baja a ellas desde el collado Ordés. Las vistas son espectaculares y paramos un buen rato a reponer fuerzas.

Valdepino en el centro, Cantu Cabroneru y Peña Beza a la derecha.

El descenso para completar el circuito lo haremos por las majadas de Baeno y la Sedo la Cruz del Pico. Para ello, seguimos unos metros la cresta de la montaña hacia el sureste hasta el pequeño collado (1357 m) que separa el Jucantu de la Cabritera y descendemos al valle situado al este donde encontramos lo poco que queda de la Majada del Jucantu o de Gioves (1280 m). Entre espineras en flor, el sendero baja paralelo a la Riega de Gioves por su margen izquierdo hasta un hermoso prado con las piedras caídas de lo que antaño fue una cabaña (1010 m). Aquí se junta la riega con la de Lloés y las cruzamos dejando que sigan su curso hasta aportar sus aguas al Arroyo de Redonda que se precipita más abajo al abismo de los Beyos. Al final de la ruta cruzaremos este arroyo como explicaré más adelante.

Vista atrás del valle del Gioves y Lloés.

Nos dirigimos al camino armado que cruza el Sierro Agüergu.

Nuestro sendero se dirige hacia las peñas que vemos enfrente y que corresponden al crestón norte del Sierro Agüergu. Un camino armado lo rodea (se ve nada más cruzar la riega) por el norte y hacia allí nos dirigimos. Desde las peñas situadas en el punto más alto del camino (1050 m), donde vira al este para completar el rodeo, obtenemos unas hermosas vistas de las majadas de Baeno y, echando la vista atrás, del Jucantu y del valle de Gioves por donde hemos bajado.

Carriá y los prados de Baeno desde el crestón del Sierro Agüergu.

La senda, en llano, completa el rodeo entre hayas bordeando después el valle por el que se precipita la Riega Llasprón. La cruzamos (1045 m), y avanzamos al norte hasta la campera de La Colladiella (1055 m) donde inicia un corto descenso que nos deja en la pista que viene desde Amieva por el collado Ordés. Seguimos la pista a la izquierda pasando por la cabaña en uso de Práu Ríu (903 m) cuyos sillares y paredes de perfecta hechura muestran la maestría de los canteros de la zona. El camino gira bruscamente a la derecha y enseguida a la izquierda hasta una portilla que cruzamos. Pasamos al lado de varias cabañas en ruinas y mantenemos la dirección noroeste, sin dirigirnos a la riega, hasta alcanzar las dos cabañas más noroccidentales (La Canga) (908 m): una tiene el techo caído y la otra aún lo conserva.

Cabañas en La Canga; desde aquí se baja derecho hacia la Sedo la Cruz.

Bajando por la Sedo la Cruz del Pico. El primer tramo del camino tiene buenas armaduras.

Otra imagen de la bajada por la Sedo la Cruz del Pico donde se aprecia la fuerte inclinación de la ladera.

En este punto (y no antes) nos dirigirnos directamente hacia abajo. Enseguida, al llegar a una muria, encontramos unos hitos y el sendero que baja unos metros antes de acceder a la Sedo la Cruz del Pico. Nada más llegar y asomarnos, impresiona la vertical caída de muchos metros; pero la senda con protección lateral que hace de quitamiedos no ofrece ningún peligro. Por ella descendemos fuertemente y más abajo cruzamos dos pedreros en la zona llamada La Llera para adentrarnos después en un tupido bosque de pequeños labiérnagos (Phillyrea latifolia). No conocíamos esta planta (algo parecida al madroño) y cogimos unas ramita para identificarlas con la ayuda de la aplicación Arbolapp que ofrece gratis el CSIC. Tiene una base de datos con 98 especies de árboles autóctonos de la península ibérica.

Arroyo Redonda; el puente que lo cruza se ve al fondo.

Cascada vista desde el puente que cruza el arroyo Redonda.

Hayedo en el Monte Cuebu; parte final de la ruta.

El fuerte descenso nos lleva finalmente a la solitaria cabaña de la majada Redonda (408 m) muy cerca del arroyo del mismo nombre. El arroyo trae abundante agua y se cruza por un puente de hormigón al lado de una hermosa cascada. Al otro lado, los ganaderos han colocado una empalizada en el camino para evitar que se salga el ganado. La cruzamos y subimos unos metros hasta la Forcada de Redonda (410 m) antes de emprender el definitivo descenso por el hayedo del Monte Cuebu. Este camino llamado Camín del Llacigón nos lleva finalmente a la carretera nacional N-625 cerca del Puente del Rampión. Medio kilómetro por ella nos deja de nuevo en Puente Vidosa donde tomamos unas cervezas comentando las incidencias de esta maravillosa ruta.

Lorenzo Sánchez Velázquez


jueves, 23 de abril de 2015

Cordal de los Llanos de Somerón (Curuchu Braña)

Salida y llegada: Llanos de Somerón (Concejo de Lena)

Distancia: 14,8 km
Duración: 4:00 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 770 m
Altura Inicial: 850 m
Altura máxima: 1365 m
Fecha de realización: 18/IV/2015
Dificultad: baja
Track de la ruta


En esta sencilla ruta recorreremos de norte a sur el Cordal de los Llanos de Somerón que separa los valles de Pajares y del Huerna siguiendo el trazado del gasoducto Asturias-León por la misma cumbrera de la sierra. Ofrece al caminante unas vistas espectaculares de la montaña central asturiana: el Macizo de las Ubiñas a poniente, la Cordillera entre el Cellón y el Negrón al sur y el Cordal de Carrocedo (Senda de la Carisa) al este; la perspectiva de ambos valles es también magnífica.

Llegamos a la aldea lenense de Llanos de Somerón (850 m) por una estrecha carretera con mal firme que arranca en la N-630 a la altura de Puente de los Fierros. Aparcamos a la entrada del pueblo. La pequeña iglesia de Santiago se encuentra bajo el cobijo de un gran tejo y algunos hórreos ó paneras y casas, algunas de llamativos colores, completan esta apacible aldea.
Tejo ante la iglesia de Santiago en Llanos de Somerón.

Llanos de Somerón. Picos Celleros y Cuito Negro al fondo.

Tomamos un camino hacia el norte en el que apenas quedan las marcas del PR AS-95 (“Vuelta al Cordal del Carril”) que nos permite alcanzar la cumbrera de la sierra en el Puerto del Tronco (1214 m), después de dejar atrás prados, fincas y una fuente de abundante agua. El camino baja de la sierra por la ladera occidental hasta la aldea de Carraluz (concejo de Lena) al lado de la AP-66; sin embargo, nuestro primer objetivo, el pico Curuchu Braña, se encuentra al norte. El camino sigue el trazado del gasoducto por la pradera y deja a la izquierda un bosquete de grandes acebos. La pista pedregosa asciende duramente en el último tramo hasta alcanzar la cumbre (1317 m) donde hay una gran cruz de madera y un vértice geodésico. Las vistas a las que antes aludimos son formidables destacando la impresionante estampa de las Ubiñas al otro lado del valle del Huerna, la cuerda sur de la Cordillera entre el Cellón y el Negrón y el Cordal de Carrocedo al este.

Curuchu Braña desde el Puerto del Tronco

Pico Cellón desde el Curuchu Braña.

Macizo de las Ubiñas desde el pico Carril.

Descendemos del Curuchu Braña y continuamos por la pista que sigue la cumbrera de la sierra hacia el sur sobre el gasoducto. Vamos dejando a la derecha, en la ladera occidental, el precioso hayedo del Monte las Chinares que en algunos tramos nos oculta la vista, mientras que a la izquierda los prados que hubo en su tiempo están ahora cubiertos de escobas y brezo y nos permiten disfrutar del paisaje oriental.

Lentamente subimos hasta alcanzar el pico Carril (1348 m), apenas unas peñas a la derecha al final del hayedo. Un corto descenso y otra corta subida nos dejan en el punto más alto de la ruta en Llandelagachina (1365 m) mientras echamos la última vista hacia las Ubiñas antes de comenzar el rápido descenso.

El camino da un pequeño rodeo para hacerlo más llevadero mientras el desbroce sobre el gasoducto baja directo y muy empinado. Por aquí bajamos con cuidado hasta enlazar con la pista en las cabañas de la Vegachina (1225 m). Un camino sale de aquí siguiendo el Cordal de Pando y lleva a los túneles de Entreguerres y Pando en la AP-66 por un lado y hacia el camino que termina en la boca del túnel del Negrón y que viene desde Pajares a través del extenso hayedo de Valgrande por otro.

Cordal de Carrocedo desde Llandelagachina.

Grandes hayas en el camino de regreso a Llanos de Somerón.

El nuestro, en cambio, desciende por la ladera oriental mediante varias revueltas y pasa por los prados y cabañas (alguna parece un chalet) de Pando. Las vistas de los picos Cellón, Celleros (el puerto de Pajares queda en medio) y Cuitu Negro son formidables. El camino vira al norte avanzando entre prados y cabañas con las marcas del PR AS-94 (“Vuelta al valle de Pajares”) apenas perceptibles. Algunas grandes y retorcidas hayas flanquean este hermoso camino que nos deja finalmente en Llanos de Somerón, completando así el circuito.


Lorenzo Sánchez Velázquez

jueves, 16 de abril de 2015

Teso Mular y Moredina. Circular desde Rebollar en Degaña


Salida y llegada: Rebollar (Concejo de Degaña)
Distancia: 16,5 km
Duración: 6:30 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1400 m
Altura Inicial: 890 m
Altura máxima: 1884 m
Fecha de realización: 11/IV/2015
Dificultad: media-alta
Track de la ruta



 El Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias es el de mayor extensión de Asturias y ocupa una buena parte del suroccidente del Principado. En este blog hemos descrito algunas rutas por él como la reciente por la Sierra Ventana o la que hicimos hace un año desde Riomolín que nos permitió visitar las mismas fuentes del Narcea y subir al Cueto Rogueiro. En esta ocasión nos acercamos a Rebollar en el concejo de Degaña para hacer una ruta circular por el parque subiendo a los picos Teso Mular y la Moderina en el límite con la provincia de León.

Braña de los Cardos, Peña del Trayecto y collado Gubia de Fuentes.

Seguiremos dos tramos del PR 109-4 Ruta Calzada Senda Moura (El Camín del Trayecto) por donde los romanos comunicaban los ricos yacimientos de oro del suroccidente asturiano con Astúrica Augusta (Astorga) a través del puerto del Trayecto. Esta ruta parte del puerto en la frontera con León, baja a Rebollar en concejo de Degaña y finaliza en el mirador del Alto de El Serio en el de Ibias. Se solapa en un corto tramo con la Etapa 7 (Sisterra-Cerredo) del GR-203 Por donde Camina el Oso. En otro tramo seguiremos la PR AS 8.1 Lagos de Tablado o Sisterna que sube desde la primera aldea a los lagos y baja a la segunda.

Vista atrás: Sierra de Degaña.

Salimos de Gijón hacia Degaña siguiendo la autopista del Huerna, Villablino y el Puerto Cerredo; el regreso lo hicimos por Cangas del Narcea. Tardamos dos horas por ambos itinerarios (quizás unos minutos menos por el segundo) y es que el túnel de Rañadoiro ha mejorado mucho las comunicaciones de este concejo con el centro de Asturias. No merece la pena pagar el peaje de la autopista.
Lago Chagonacho y pico Moredina.


 Comenzamos la ruta en Rebollar (890 m) tomando un camino señalizado que se dirige al suroeste hacia el Puerto del Trayecto; a la salida del pueblo un panel nos informa sobre la importancia que tuvo el camino. Al principio entre prados y flanqueado por escobares después, avanzamos en suave ascenso por el hermoso camino con la vista puesta en la piramidal Peña del Trayecto que cierra al fondo el paisaje; mientras, vamos dejando a la izquierda el arroyo del Reguerón. Cuando echamos la vista atrás encontramos, al otro lado del valle, la Sierra de Degaña con sus laderas meridionales tapizadas del rosa de los brezos y las cumbres salpicadas de manchas de nieve.
Desde el lago Chagonacho subimos por el reguero que lo abastece.

Enseguida cruzamos el arroyo del Reguerón que, como todos, viene crecido por el reciente deshielo. Un poco más adelante alcanzamos la cabaña arreglada de la Braña de los Cardos (1220 m) y, en un desvío al otro lado del arroyo, la fuente de la Braña unos metros más arriba. Retornamos al camino principal que pasa por una zona encharcada por el deshielo primaveral y, allí donde gira bruscamente a la izquierda para ascender al puerto, lo abandonamos. Podríamos continuar de frente hacia el evidente collado de Gubia de Fuentes situado a la derecha (desde nuestra posición) de la Peña del Trayecto. Preferimos seguir por otro camino antiguo a la derecha que arranca al otro lado del arroyo, en la margen izquierda, y nos sumerge en un hermoso robledal. Al principio se sigue bien aunque está algo tapado por las escobas. Más arriba, después de una revuelta a la izquierda, está completamente invadido por la maleza y debemos continuar por una senda paralela al camino. Así llegamos a una solitaria cabaña en ruinas (1390 m) donde la senda vira al oeste remontando directamente la ladera entre viejos y nuevos robles por donde hace mucho que la naturaleza campa a sus anchas sin intervención humana.

Nos encaminamos hacia la arista oriental del Moredina.


Después de otras dos revueltas alcanzamos, entre las escobas y el brezo, una pequeña cubeta glaciar ocupada por el lago Chagonacho (1535 m): se nutre del arroyo que baja del pico Moredina y desagua hacia el Reguerón. Un gran nevero situado al otro lado del lago y un tupido brezal no nos dejan ver la continuación del sendero (si es que lo hay). Cruzamos el desagüe y seguimos la progresión por la zona más limpia que es por donde baja el propio reguero entre grandes bloques de cuarcita ennegrecidas por los líquenes.
Arista oriental del Moredina y pico Trayecto.

Accedemos al gran circo o cubeta glaciar (1600 m) encerrado por el pico Moredina y sus hombros. Cuando llegamos, aún se encuentra cubierta con una gruesa capa de nieve blanda y, en lugar de dirigirnos al sur, hacia el collado Gubia de Fuentes que nos haría retroceder, preferimos alcanzar la arista oriental de la montaña de forma directa: cruzamos el nevero y nos encaminamos hacia el pedrero y la ladera cubierta de brezo bajo. La fuerte pendiente sin camino ni sendero nos lleva a la citada arista (1710 m) situada en la frontera provincial. La encontramos completamente cubierta de un brezo de mayor porte y continuamos por ella la progresión buscando el borde asturiano, algo más despejado. Más arriba, al llegar cumbrera, la pendiente disminuye y la senda, más marcada, nos deja sobre las peñas o bloques de piedra (cuarcita) que corona la cima. Un pequeño montón marca la cumbre (1857 m) que nos ofrece unas vistas magníficas del resto de la Sierra de Moreda (Teso Mular y la Camposa) hacia poniente. Los picos Turrunteira y Miravalles se encuentran más alejados en la misma dirección. Hacia el oriente la Cordillera continúa separando ambas provincias y alcanzamos a ver el Cornón (o Alcornón) de Busmori y el pico Miro (este último en León). Hacia el norte se extiende el valle de Degaña surcado por el río Ibias y limitado, al otro lado, por la sierra del mismo nombre y la de Bustelo (picos Candanosa y Redondo) hacia el noroeste que cierra por el sur el gran robledal de Muniellos que goza de protección especial.
Teso Mular y collado Boca Mular desde la arista occidental del Moredina.

La arista occidental del Moredina tiene mayor inclinación y alterna tramos de grandes bloques de cuarcita, que resbalan cuando están húmedos, con otros invadidos por el brezal. No ofrece ninguna dificultad pero hay que usar las manos en un par de ocasiones y el senderillo a veces se pierde. En la bajada, las vistas de la pirámide del Teso Mular con sus manchas de nieve son hermosas. Llegamos al collado Boca Mular (1682 m) que separa ambas montañas y al que también llega una senda que viene de Tablado. Para ascender al Teso Mular rodeamos por el lado leonés las peñas del Alto de Moredina y subimos por una corta vallina hasta alcanzar la base de la peña. En el trayecto la cuarcita ha sido sustituida por la pizarra. Una sendilla y algunos hitos nos ayudan en la vertical ascensión por la arista oriental hasta alcanzar la cumbrera del teso donde encontramos un vértice geodésico (1884 m) y un buzón de montaña colocado unos metros más adelante por el G.M La Curuxa de Gijón. Desde la posición del buzón tenemos buenas vistas a vista de pájaro de los Lagos de Tablado y de las montañas cercanas que antes hemos descrito.
Llegando a la cima del Teso Mular.


Mirando hacia los lagos de Tablado desde el Teso Mular. Picos la Camposa y Turrunteira.

Después de reponer fuerzas, descendemos por la ladera occidental siguiendo una marcada senda que nos deja en el collado Pie Mular (1765 m) donde unas peñas hacen de almenas sobre el circo glaciar donde se asientan las citadas lagunas. La ladera de bajada es muy vertical y la hierba seca que la cubre resbala, además encontramos grandes manchas de nieve que ocultan la posible senda. Con precaución llegamos a la primera laguna (1630 m) más grande aunque menos profunda en la que se refleja las peñas verticales del Teso Mular (preciosa montaña). Se trata de una pequeña cubeta de excavación glaciar que termina en una morrena hacia donde se dirige el camino que viene de Tablado (se trata del PR AS 8.1). La senda baja a la segunda laguna (1580 m) a la que accedemos a través del tupido escobar que la rodea. En la orilla encontramos un grupo de voraces tritones dándose un banquete con los huevos de rana mientras una pareja de éstas engendra otros a medio metro.


Bajando al primero de los lagos de Tablado.

Seguimos el descenso hasta la Braña de Arriba (1510 m) donde sólo quedan unos pocos pastos y las ruinas de alguna cabaña en la última de las cubetas glaciares. Los arroyos por los que desaguan las lagunas forman dos hermosas cascadas: la más ancha y cercana viene de la primera laguna, mientras que la más alejada, estrecha, alta y con menos caudal procede de la segunda.

Hermosa vista del primer lago de Tablado y del Teso Mular.

Cascada desde la Braña de Arriba.

La otra cascada.

Ambos regueros se juntan enseguida y debemos cruzarlos con cuidado para continuar atravesando varios pedreros por el marcado camino que lleva a Tablado. Rodeamos el espolón norte del Teso Mular dejando a la derecha el camino que sube a la Boca Mular y cruzamos después el reguero de Moreda que también viene crecido. El camino ahora llanea y se dirige al norte faldeando el alargado espolón norte del pico Moredina a la vez que nos adentramos en un hermoso robledal. Al echar la vista atrás descubrimos el hermoso camino que traemos y la preciosa silueta del Teso Mular. El camino nos va llevando en ligera subida a la cumbrera de la sierra (1378 m) dando vista al valle Cheiroso al este. Continúa al otro lado descendiendo entre el brezo y la escoba con la vista puesta en un prado situado en el fondo del valle. Sabemos que el camino marcado nos llevará a Tablado y de allí por camino y carretera emprenderíamos el regreso a Rebollar. Pero apreciamos en la ladera opuesta del valle Cheiroso un camino marcado por encima del citado prado que remonta al bies por el bosque que la cubre. Si lo encontramos podremos atajar para llegar antes a Rebollar evitando un par de kilómetros de carretera.

Echamos la vista atrás y vemos parte del camino seguido desde los lagos.

Vista atrás del Teso Mular. El camino de bajada lo rodea por los pedreros que vemos.


Subimos por el bosque que vemos hasta el collado del prado verde.

Descendemos y, en efecto, al llegar al prado sale un camino a la derecha que seguimos abandonando el más ancho y marcado. La clara senda sube hasta enlazar con la que viene por lo alto de la sierra desde la cabecera del valle Cheiroso. Siguiéndolo, descendemos al fondo del valle (1170 m) donde encontramos bastantes prados con ganado y un arroyo, el Cheiroso, que también viene crecido, y lo debemos cruzar unos metros por encima del camino donde un estrechamiento nos lo permite.

Llegando a Rebollar la propia aldea abajo, el amplio valle de Degaña de claro origen glaciar y la aldea de Degaña.

Viejos castaños cerca de Rebollar.


Llegando a Rebollar.

Regresamos al camino principal que baja también a Tablado, pero, enseguida, lo abandonamos siguiendo una señal que nos indica hacia un mirador situado en un collado (1197 m) donde hay una extensa pradera y un gran depósito de hormigón para abastecer de agua a los servicios de extinción de incendios. Estamos sobre el GR 203 que seguiremos hasta regresar a Rebollar. El camino desciende entre robles, abedules, grandes escobas y brezo dejando a la izquierda algunos canchales de blanca y dura cuarcita hasta desembocar en la carretera AS 212. La cruzamos y seguimos un corto camino entre dos o tres grandes castaños con prados, cabañas y acequias de regadío hasta desembocar en la carretera justo a la entrada de Rebollar. Una magnífica fuente al lado del lavadero nos permite refrescarnos después de esta extraordinaria ruta. Las amables gentes de esta aldea, siempre atentas al visitante, nos cuentan como los osos bajan a veces en junio buscando las cerezas más sabrosas y dulces que las silvestres. Y así, comentando la ruta con los parroquianos y la dueña del único bar del pueblo, mientras tomamos una caña, terminamos esta preciosa ruta por estos montes tan bellos como desconocidos.

Lorenzo Sánchez Velázquez